AL PACINO, SIN COMPLEJOS

“El mundo entero es un teatro, y todos los hombres y mujeres simplemente comediantes”, es un fragmento conocidísimo de Como gustéis (As You Like It), una de las mejores comedias de William Shakespeare. Repitiendo estas frases, el veterano actor Simon Axler se maquilla frente al espejo del camerino antes de salir a escena. Murmura las palabras de Jacques, el asistente del duque, insiste en ellas una y otra vez, una y otra vez… Fascinante escuchar estos versos a un grande de las tablas y Al Pacino, sin duda, lo es. Aquí, genial en la brillante presentación del personaje, se mueve –y lo domina- en un mundo en el que se funden cine y teatro, y que le debe a Philip Roth, autor de la novela en que se basa la película, y a Barry Levinson, el director.

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Pero no solo camina Pacino ante la cámara por los pasillos de un teatro, en La sombra del actor (The Humbling), se entrega a un festín de géneros, una combinación de tonos y de ritmos, con los que hace una exhibición de pericia en el arte de interpretar. Comedia para envolver el drama de un actor en decadencia, un cómico que ha perdido el talento y con él, las ganas de salir al escenario. Un hombre que se ha quedado sin la razón de ser de su vida. Y que sigue perdiendo el gusto por otras cosas, incluso llega a olvidar el interés por suicidarse.

“Pacino, liberado de complejos, se entrega a su personaje y al juego de la interpretación, se expone completamente, se divierte… y hace enmudecer de emoción”

La aparición repentina de Pegeen –arrobada por lo que recuerda como ‘el carisma arrollador’ de Simon Axler- cambia completamente el panorama. Y este viejo, loco de amor por una chica treinta años más joven que él, lesbiana y que es hija de su mejor amiga, recupera el apetito por la  vida y el anhelo por subir otra vez a un escenario.

Greta Gerwig es la decidida Pegeen, Diane Wiest es su madre, Charles Grodin es el entregado representante del actor y Dylan Baker, su psiquiatra. Son personajes, comediantes, del teatro de Simon Axler, un tipo que nació con un enorme talento para las tablas y que en su vida se sigue moviendo entre la tragedia y la comedia. Y Pacino, liberado de complejos, se entrega a su personaje y al juego de la interpretación, se expone completamente, se divierte… y hace enmudecer de emoción al espectador y consigue alegres carcajadas…


POR LA SENDA DEL CRIMEN

Al Pacino, un prometedor actor de 30 años, y Francis Ford Coppola, un director de 31 en busca de una buena oportunidad, tuvieron una conversación cuando estaban preparando El Padrino (1972) que fue crucial en la carrera de ambos. El primero había oído las quejas de los ‘hombres de negro’ de la Paramount, que no querían a un desconocido en el papel protagonista y que, por supuesto, tenían a sus propios candidatos (***). El segundo, uno de los cineastas que más veces se ha lanzado a la pista sin red, se lo jugó todo a esa carta. Empleó su tesón e ideó alguna treta, convenció a Pacino y firmó entonces el inicio de uno de los más apasionantes y apasionados viajes interpretativos del cine. Michael Corleone es, sin duda, uno de los grandes personajes del actor, que con él hizo un corte de mangas a los ejecutivos de la productora –los mismos ‘genios’ que estuvieron a punto de despedir a Coppola cinco veces- y, mucho mejor, se abrió camino por la senda del crimen en el cine.

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*** El productor Albert Rudy quería que Robert Redford interpretara a Michael Corleone, pero no fue capaz de convencer a nadie con su idea. Otros nombres que sonaron para el personaje fueron los de Warren Beatty, Rod Steiger, Dustin Hoffman, Ryan O'Neal, Jack Nicholson, Martin Sheen,Tony Lo Bianco, David Carradine… El que más cerca estuvo fue James Caan, que llegó a hacer la prueba para el personaje y que, afortunadamente, terminó haciendo el papel de Sonny Corleone, una interpretación absolutamente memorable.

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ALFRED JAMES PACINO

De origen italiano, Alfred James Pacino (25 de abril de 1940) se crio en el sur del Bronx con su madre y sus abuelos. La falta de medios económicos y el abandono de su padre cuando él tenía dos años, hicieron que su infancia no fuera demasiado amable. Trabajó de chico de los recados, de acomodador y de otras muchas cosas, mientras crecía y buscaba una salida en la interpretación. Estudió en el Herbert Berghol Studio los primeros años y terminó de completar su formación con Lee Strasberg en el Actor’s Studio. Destacó en algunas producciones teatrales y dio su primer paso en el cine en 1969 con Me, Natalie (Fred Coe). Pero el gran salto, el definitivo, lo dio con El Padrino. Desde entonces, Pacino ha ido acumulando trabajos irrepetibles y, mucho más allá, ha concedido entidad propia a todos sus personajes, hombres con nombre y apellidos, emociones y regiones oscuras fascinantes.

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UNO DE LOS BUENOS

Pacino es Michael Corleone (El Padrino), el jefe de la mafia, y, al mismo tiempo, es el honesto policía neoyorquino Frank Serpico (Serpico, Sidney Lumet, 1973). Es el salvaje Tony Montana (El precio del poder, Brian de Palma, 1983), el portorriqueño de la droga Carlito Brigante (Carlitos’way, Brian de Palma, 1993)) y el pobre y viejo soldado de la mafia Ben ‘Lefty’ (Donnie Brasco, Mike Newell, 1997).

Uno de los mejores malvados del celuloide, sin duda, uno de sus mafiosos más brillantes y con más carisma, y uno de sus policías más convincentes, Al Pacino no es, sin embargo, solo policía o ladrón. Es también el desesperado Sonny de Tarde de perros (Sidney Lumet, 1975), el íntegro y arrojado periodista Lowell Bergman de El dilema (Michael Mann, 1999),  el resbaladizo vendedor Ricky Roma, de Glengarry Glen Ross (James Foley, 1992), el usurero judío Shylock (El mercader de Venecia, de Michael Radford 2004), el  rey Herodes de Salomé (dirigida por él mismo sobre el texto de Oscar Wilde, 2013)… es él mismo y Ricardo III, ambos, en su magnífica película documental Looking for Richard  (1996). Es uno de los buenos.


PHILIP ROTH

El tema de los judíos americanos en la sociedad contemporánea tratado desde diversos puntos de vista y, sobre todo, con tonos muy diferentes es, probablemente, el sello determinante de la obra de Philip Roth. Novelista excepcional, ha conseguido los más prestigiosos galardones, el reconocimiento unánime de la crítica y el aplauso del público. Sus obras, algunas de una profunda intimidad, no son fáciles de trasladar al cine, pero éste, a pesar de todo, le quiere. Hasta el momento se han visto cuatro de sus obras en la gran pantalla, a las que hay que sumar ahora La sombra del actor (The Humbling) y muy pronto American Pastoral.

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El director Larry Peerce fue el primero que se atrevió en el cine con la obra de Roth y lo hizo con el debut del escritor. Fue en 1969 con Goodbye, Columbus, película que aquí se tituló Complicidad sexual. Lo siguiente fue Portnoy’s Complaint, un monólogo ácido con referencias sexuales bastante explícitas que en la gran pantalla lo dirigió Ernest Lehman (1972), con Richard Benjamin en el papel principal.

De su famosa Trilogía Americana se han llevado al cine dos de los títulos: La mancha humana, de Robert Benton (2003), con Anthony Hopkins y Nichole Kidman; y  American Pastoral, primer largometraje que dirige el actor Ewan McGregor. Dakota Fanninhg, Jennifer Connelly y él mismo son los protagonistas de esta película que llegará probablemente en 2016 y que se inspira en una de las novelas más importantes de Philip Roth.

Además, la cineasta española Isabel Coixet rodó una adaptación de Elegy (2008), con una pareja singular, Ben Kingsley y Penélope Cruz.