ALGUNAS DE LAS NUESTRAS

Hay actrices inmortales, eternas, que acompañan nuestras vidas, que nos hacen reír, llorar, sufrir, disfrutar, amar… “Hay mujeres que exploran secretas estancias del alma”, como decían Sabina y Krahe. Han protagonizado infinidad de películas, mejores y peores, han transitado durante las últimas décadas por el mundo del cinematógrafo y por nuestras vidas con su inteligencia, presencia, su clase, humor, su talento. Convirtiéndose en muchas otras mujeres para disfrute de los espectadores. Cada una tiene sus favoritas, unas son más de Meryl Streep, otras de Charlotte Rampling y esa mirada que anticipa problemas; hay quien prefiere los personajes divertidos y a veces enloquecidos de la Keaton, los papeles al límite de Isabelle Huppert. Y todas somos de la Steenburgen, casi nunca protagonista pero siempre imprescindible.

Actrices para la eternidad. De siempre y de hoy.  Son grandes, eternas, inolvidables, gigantes de la interpretación, titanes de la pantalla. Siempre es un placer verlas, aunque a veces algunas películas no estén a su altura.


DIANE KEATON

Diane Keaton será por siempre jamás Annie Hall, y será recordada por los siglos de los siglos como la inolvidable protagonista del cine de Woody Allen, de El dormilón (1973), La última noche de Boris Grushenko (1975), Manhattan (1979) o Misterioso asesinato en Manhattan (1993).

Su rostro siempre estará asociado a la comedia, con personajes básicamente neoyorquinos con un punto de neurosis. Unido a la comedia, sí, aunque tiempo antes y tiempo después fuera y sería la novia y luego exmujer de Michael Corleone en la saga de El Padrino.

Sus personajes se ríen de sí mismos, mantienen una actitud desenfada ante las complicaciones del mundo donde viven, una aparente distancia para enfrentarse con ellos.

Convertida en los últimos tiempos en matriarca de familias complejas (¿cuál no?) en filmes familiares para todos los públicos como La joya de la familia (2005), ¡Por fin solos! (2012) (estupendo e inesperado retorno de Lawrence Kasdan) o Navidades, ¿bien o en familia? (2015), que demuestra además del talento de Keaton que los hijos de los distribuidores de antaño siguen triunfando con lo de poner título a sus películas. Una cita en el parque (2017).

CHARLOTTE RAMPLING

Trabajó con Visconti en La caída de los dioses (1969) y con John Boorman en Zardoz (1974) y se convirtió en inmortal con su papel de superviviente del holocausto nazi que años después de aquello se reencuentra con un agente de las SS en El portero de noche (1974), de Liliana Cavani.

Lleva años atravesando el cine de todo el mundo con su mirada cristalina y ambigua. En los últimos años ha sido reclamada por François Ozon –Swimming Pool (2003)–, Laurent Cantet –Hacia el sur (2005)–, Julio Medem –Caótica Ana (2007)–, Todd Solondz –La vida en tiempos de guerra (2009)–, Lars von Trier –Melancolía (2011)–  e incluso por Dexter (2006-2013), el psicópata más famoso de la TV.

En 2015 estrenó 45 años mientras todo el mundo (o casi todo) espera el Händel que ha rodado bajo la batuta del incomparable Franco Battiato. Y Gorrión rojo (2018) ahora se puede ver en los cines.


ISABELLE HUPPERT

La gran actriz francesa de los últimos años, de siempre y de ahora, intérprete de personajes atormentados, de asesinas y suicidas, de religiosas y ateas, de personajes en plena búsqueda o al final de la misma. Actriz fetiche de Claude Chabrol, con quien trabajó en películas como Prostituta de día, señorita de noche (1978), la estremecedora Asunto de mujeres (1988) –uno de sus (muchos) grandes papeles–, Madame Bovary (1991), donde se convierte en Emma, o La ceremonia (1995).

Rueda con Bertrand Tavernier Coup de torchon (1981), adaptación africana de las 1.280 almas de Jim Thompson, atraviesa La puerta del cielo (1980) con Cimino y trabaja con Wajda en Los poseídos (1988).

Haneke la convierte en La pianista (2001) y le da un papel en Amor (2012). No deja de rodar, con Claire Denis Una mujer en África (2009) y con el coreano Hong Sang-soo En otro país (2012).

En 2013 se convierte en madre superiora en La religiosa (2013), de Guillaume Nicloux, La desaparición de Eleanor Rigby (2013), Luces de Paris (2016), Elle de Paul Verhoeven (2015), El porvenir de Mia Hansen-Love (2016). En espera de Happy end de Michael Haneke (2017)

Happy end

MERYL STREEP

Para muchas, la más grande. Nominada a medio millón de Oscars, ganadora de unos cuantos, dotada de un talento excepcional que la hace ser capaz de navegar con éxito por los límites del melodrama, por la comedia más disparatada y por el musical kitsch.

Tras la boda de El cazador (1978) se convirtió en ‘la mala’ de Kramer contra Kramer (1979) y en La mujer del teniente francés (1981).

Ha interpretado grandes historias de amor como Memorias de África (1985) o Los puentes de Madison (1995), dramas como La decisión de Sophie (1982) o Agosto (2013), adaptaciones literarias de prestigio –Postales desde el filo (1990), Las horas (2002)– y comedias: El diablo viste de Prada (2006). Ha sido Margaret Thatcher. Ha cantado country con Robert Altman en El último show (2006) y con Abba en Mamma mia! (2008).

Es decir, ha hecho de todo y casi todo bien. Una superdotada. Una grande. Convertida en una de las Sufragistas (2015) junto a Carey Mulligan y Helena Bonham Carte, y hace nada en la editora del Washington Post, Kay Graham, en Los archivos del Pentágono, de Spielberg (2017). A la espera de verla de nuevo en !Mamma mia!, una y otra vez (2018) y El regreso de Mary Poppins (2018) de Rob Marshall.


MARY STEENBURGEN

Presencia insustituible del cine estadounidense contemporáneo. Casi nunca protagonista, siempre necesaria e inolvidable. Apoyo de actrices, actores y directores, capaz de ser la abogada más malvada –Philadelphia (1993)– y la madre más divertida –Dulce hogar… ¡a veces! (1989)–.

Habitual roba-escenas en películas como La comedia sexual de una noche de verano (1982), Las ballenas de agosto (1987) (donde interpreta el mismo papel que la leyenda Lillian Gish), ¿A quién ama Gilbert Grape? (1993) o Nixon (1995), a veces el paso del tiempo hace que una olvide las caras y nombres de las protagonistas de algunos filmes pero no una escena interpretada por Mary Steenburgen.

Vivió una historia de amor con Doc en Regreso al futuro III (1990), trabajó con John Sayles en La tierra prometida (2002) y Casa de los babys (2003), fue la esposa de Tommy Lee Jones en la extraña aventura USA de Tavernier En el centro de la tormenta (2009). En 2015 estrenó con Redford y Nolte Un paseo por el bosque (2015).

En pocos casos como en el suyo resulta tan evidente que el adjetivo ‘secundaria’ le queda pequeño.