BILL MURRAY “NADIE TE VA A CREER, SI LO CUENTAS”

Hace lo que le da la gana. Le gustan el cannabis, el alcohol y el béisbol. Se divierte trabajando y se alía solo con quien le gusta. No tiene ni idea de cuánto dinero gana. Dice que roba patatas de los platos de los desconocidos en los bares y que luego les suelta “nadie te va a creer si lo cuentas”. Asegura que la clave de su éxito es evitar cualquier situación de estrés –“Cuando más relajado estás, mejor eres”–. No tiene agente ni representante. Se comunica con directores, productores, guionistas… a través de un número 900 gratuito. Este sesentón enorme (1,88 m. de altura) es, para muchos, uno de los mejores cómicos del cine. Lo sea o no, desde luego algo muy especial debe de tener un tipo que debutó con una película titulada Los incorregibles albóndigas y que hoy es icono de varias generaciones.


LOS ECTOPLASMAS DEL ÉXITO

El personaje del doctor Peter Venkman de Los cazafantasmas (1984) fue el primer gran pelotazo en el cine de Bill Murray. Antes de llegar ahí había probado con la interpretación ya en el colegio y después en la Universidad, de donde le expulsaron por posesión de marihuana. Unos programas en la radio y su paso por Saturday Night Live le permitieron afianzarse un poco y así se plantó en el cine, en 1979 con Los incorregibles albóndigas, una película de su querido amigo Ivan Reitman. Con él repitió en 1981 en El pelotón chiflado y, por fin, tres años después en esta comedia mítica de los ochenta.

Con guion de Dan Aykroyd y Harold Ramis, la película estaba protagonizada por estos dos, por Murray, Sigouney Weaver y Rick Moranis. Ectoplasmas a tutiplén, entradas gloriosas en edificios contaminados, mocos verdes por todas partes… y ante todo ello, la seriedad en los rostros de la pandilla de cazafantasmas, con Bill Murray a la cabeza. Y, por supuesto, la ya legendaria canción de Ray Parker Jr.

En 1989 se hizo la secuela y en breve se estrenará la tercera parte, esta vez con dirección de Paul Feig.


“¿PHIL EL BUENO O PHIL EL MALO?”

Harold Ramis, el doctor Egon Spengler de Los cazafantasmas, había coincidido antes (como director) con Murray en El club de los chalados (1980). La vida profesional del cómico es, en realidad, una sucesión de reencuentros… con el mencionado Reitman, también con Ramis, posteriormente con Wes Anderson y con Jim Jarmusch…

Con Harold Ramis, el actor de Illinois hizo en 1993 la otra gran película de su carrera, Atrapado en el tiempo, donde interpretaba a Phil Connors, un presentador de la sección del tiempo de un canal de televisión, un tipo ególatra, antipático, mal compañero… que, después de vivir el mismo día varias veces seguida iba suavizándose.

Al parecer, el actor se acercaba constantemente al director antes de cada secuencia y le preguntaba: “Solo dime una cosa, ¿este es Phil el bueno o Phil el malo?” Anécdota de un rodaje cargado de ellas y entre la que destaca el cambio del final. Al principio se había decidido que el personaje matara a la marmota mientras esta descansaba en su guarida, pero Harold Ramis se echó para atrás pensando que iba a ser una conclusión muy parecida a la de su anterior El club de los chalados.


WES ANDERSON Y BILL MURRAY, ESPÍRITUS LIBRES

La estética y el discurso de Wes Anderson, absolutamente personales y únicos, han encontrado un complemento perfecto en Bill Murray, con quien comparte una cualidad esencial: ambos sigue haciendo, después de varios años de profesión, lo que les da la gana. Al menos así mismo lo reconoce el propio cineasta, del que Murray dijo, después de rodar Moonrise Kingdom, que era un tipo capaz de convencer de cualquier cosa a pesar de su juventud.

“Su visión es única, realmente especial. Su forma de trabajar, de contar siempre con el mismo equipo, convierte el set en un lugar cómodo. Además, siempre contrata a los mejores chefs para que te hagan la comida. No es como esa espantosa cosa que te sirven en los caterings. Así que cuando no estás suficientemente concentrado, piensas en esa deliciosa comida que te espera después de la toma y todo adquiere un sentido”.

Desde luego, los atractivos de trabajar con él deben ser muchos más a la vista de las películas que el actor ha hecho con él. Academia Rushmore (1998), Los Tenenbaums. Una familia de genios (2001), Life Aquatic (2004), Viaje a Darjeeling (2007), Fantástico Mr. Fox (2009), Moonrise Kingdom (2012), El Gran Hotel Budapest (2014) y ya se ha comprometido para poner voz al siguiente proyecto de Anderson.


EL MOMENTO DE GLORIA

Premio BAFTA al Mejor Actor, Globo de Oro, Premio del Círculo de Críticos de Nueva York, de la Asociación de Críticos de Los Ángeles y de la Asociación de Críticos de Chicago, todos adoran a Bill Murray en su papel del decadente Bob Harris. Lost in Translation (2003), de Sofia Coppola, es, sin duda, el gran momento de gloria del intérprete.

Acompañado por Scarlett Johansson, Murray estaba en su salsa haciendo de actor mayor sin buenas ofertas que acepta hacer publicidad de una marca de whisky japonés y que pasa todo el tiempo posible en la barra del bar del hotel. La química con su compañera de reparto y el tono facilón y convencional de la película hicieron el resto, facilitó la entrada de muchos nuevos fans al universo de Bill Murray.


EL REGALO DE JIM JARMUSCH

En ese exclusivo ambiente del cine americano auténticamente independiente, hay un nombre indispensable, el de Jim Jarmusch. El cineasta, en su búsqueda de modernidad y de diferencia, tropezó, por supuesto, con Bill Murray, aunque no demasiado pronto. Su primer encuentro fue en el siglo XXI, cuando reunió en una película, Coffee & Cigarettes (2003), los cortometrajes que había rodado durante años.

Inmediatamente después dio a Murray uno de los mejores personajes de toda su carrera, el de Don Johnston de Flores rotas (2005), un soltero empedernido que recibe de pronto una carta de una antigua novia donde le anuncia que tiene un hijo de diecinueve años que podría estar buscándole. Su amigo Winston (Jeffrey Wright) le anima para que visite a cuatro viejos amores que podrían ser las posibles madres. Gran Premio del Jurado en Cannes, la película contaba con actrices como Frances Conroy, Julie Delpy, Jessica Lange, Sharon Stone, Tilda Swinton o Chloë Sevigny en el reparto.

Todos los aplausos que Jarmusch y Murray conquistaron con esta película, no los consiguieron con la siguiente, Los límites del control (2009), donde el actor hacía una pequeña intervención.

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‘ROCK THE KASBAH’

La más reciente gesta de Bill Murray ha sido la de viajar a Afganistán como manager musical y quedarse allí tirado sin contactos, sin dinero, sin pasaporte y sin medio de transporte. Todo ello le sucede como Richie Lanz, personaje protagonista de la nueva película de Barry Levinson, Rock the Kasbah. El filme no ha recibido las mejores críticas, aunque a prácticamente ninguno de los especialistas se le ha pasado mencionar el buen trabajo del actor, elemento que destacan sobre cualquier otro de esta historia.

Bruce Willis (con quien ya trabajó Murray en Moonrise Kingdom), Kate Hudson y Zooey Deschanel completan el reparto de esta comedia musical, rodada en Marruecos y en la que el actor vuelve a demostrar hasta donde su ‘no hacer nada’ es una de sus grandes bazas para la comedia.


POETA EN MANHATTAN, LAVAPLATOS EN ESCOCIA

Estrafalario e imprevisible, Bill Murray se ha rodeado de una serie de leyendas, de las que ni él mismo puede decir si son o no ciertas. Las hay para todos los gustos y, eso sí, todas le van como anillo al dedo. A nadie le extrañaría que fuera verdad la anécdota que cuenta que un día se puso a recitar poesía a los albañiles que estaban construyendo una biblioteca en Manhattan o que se quedara a lavar los platos de una fiesta a la que fue invitado por unos estudiantes en Escocia. Como éstas, hay decenas que el actor ha ido atesorando con los años y en las que hoy es imposible confiar del todo.

Mucho más cierto es que se ganó el apodo de ‘el Murricane’ –se lo puso su amigo Dan Aykrod- por los cambios de humor tan radicales que tenía o que David Letterman le considera como una especie de amuleto. Murray fue la primera entrevista que hizo en pantalla a comienzos de los ochenta. Tras aquello, el actor ha aparecido en su programa muchas veces con trajes cada vez más estrambóticos.

También es verdad que en el rodaje de La chica del gangster le rompió la nariz a De Niro, accidentalmente por supuesto, y que rechazó poner la voz a Buzz Lightyear en Toy Story.

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Lo que aún no se ha podido comprobar es cuál de todas las explicaciones que ha dado es la auténtica que explica por qué aceptó participar en Garfield, su más estrepitoso fracaso.