‘CRISTIANOS A LOS LEONES’

Como todos los años por estas fechas o parecidas (para acabar con las dudas y para demostrar que CLAPP no es solo diversión para el cerebro sino también fuente de conocimiento, las fechas las marca la Luna: el llamado Domingo de Pascua o Gloria o Resurrección es el domingo siguiente a la primera luna llena de primavera), ya llega la Semana Santa.

Época de recogimiento espiritual para unos, de monas de Pascua y cachirulos para otros, de religiosidad a flor de piel o piel a flor de bronceador, de procesiones y saetas, de silencios y miedo, de caballeros del KKK por las calles, de torrijas (antes, ahora ya hay torrijas todo el año y en todas partes) y buñuelos de carabassa, de vírgenes de madera desfilando y ceniza en la frente, de comer pescado y ministras con peineta y mantilla, de primeros amores castos y bendecidos… y Ben-Hur. Que no falte la ración correspondiente de cine de romanos y cristianos, de gladiadores conversos y esclavos nubios, de profetas bondadosos de largas barbas y pelirrojas de piel nívea, de peces dibujados clandestinamente en la arena, del torso desnudo y aceitado de Charlton Heston antes de cambiar el cayado por un fusil, de emperadores que tocan el arpa a la luz de una Roma incendiada y circos de muerte, de cristianos devorados por fieras salvajes…


A.D.C.

Pero la religión de los cristianos no nació hace dos mil años de la mano de ese hipster adelantado a su tiempo que predicaba el amor al prójimo y al que sus publicistas-evangelistas convirtieron a título póstumo en uno de los mayores emprendedores de la historia, capaz de crear sin saberlo una multinacional que ha sobrevivido a muchos siglos, infinidad de guerras y todo tipo de crímenes, y en un icono pop protagonista de millones de obras de arte, novelas, pósters, óperas rock y películas. Porque en esa gran colección de relatos que es la Biblia, esa especie de Mil y una noches de la religión, los cineastas han encontrado inspiración para contar muchas historias.

Entre ellos uno de los más destacados fue Cecil B. DeMille, que dirigió en 1923 y 1956 Los diez mandamientos, ambas las películas más caras de su tiempo, larguísimas películas-río dedicadas a Moisés y sus aventuras. Centrándonos en la versión más conocida y más televisada, abandonado en una cesta en el río y criado por la familia real junto al futuro faraón Ramsés II (Yul Brynner), Moisés (Charlton Heston, por supuesto) descubre al crecer su origen hebreo y se enfrenta a su hermano adoptivo para liberar a su pueblo. Tras intentarlo por las buenas y por las malas (unas plagas tremendas), consigue su propósito e inicia una larguísima travesía para conducirle a la tierra prometida. Pero el faraón se arrepiente, afortunadamente para el cine, porque así quedó para los restos la escena de la apertura de las aguas del Mar Rojo por parte de Moisés (en todas sus versiones).

En 2014 Ridley Scott dirige su propia visión del asunto, Exodus: dioses y reyes (2014), a todas luces innecesaria.

Ese mismo año, siguiendo la estela de películas difíciles, dramas más o menos históricos que por momentos se adentran en el terreno de la comedia quizá involuntaria, y remontándose mucho en el tiempo, Darren Aronofsky dirige Noé, historia de este otro patriarca que construyó siguiendo las instrucciones del Señor y con la ayuda de unos ángeles-transformers un arca para salvar del diluvio universal que iba a hacer caer sobre la Tierra (porque los hombres y las mujeres eran muy malos y malas y practicaban el fornicio con devoción) a su familia, algunos colegas y a una pareja de cada especie animal –años después Steve Carell recibirá ese mismo encargo en la comedia (esta vez sí voluntaria) Sigo como Dios (2007)–.

Imposible olvidar de por vida al Matusalén encarnado por Anthony Hopkins. Vivió 969 años según la Biblia. Quizá eso lo explique todo: son demasiados años incluso para un actor tan grande.


C. Y BRIAN

La vida de Jesucristo ha sido contada desde el mismo inicio del cinematógrafo. Ya los hermanos Lumière, Georges Méliès y muchos otros pioneros lo convirtieron en protagonista de películas. Quizá la primera gran producción que abordó el tema fuera Intolerancia (1916), del padre D. W. Griffith, una de las primeras cimas fílmicas del siglo XX, una de cuyas cuatro historias paralelas contaba la tortura y muerte de Jesús.

En 1926 el inefable Cecil B. DeMille dirige su versión del asunto, Rey de Reyes, de la que en 1961 Nicholas Ray rueda un remake protagonizado por Jeffrey Hunter. La historia más grande jamás contada (1965), de George Stevens (con Max von Sydow como Cristo), es otro relato de la vida del Fundador, así como también El evangelio según San Mateo (1964), de Pier Paolo Pasolini, que protagoniza el catalán Enrique Irazoqui y que se distingue de las anteriores por su sobriedad.

Martin Scorsese escandaliza a la muy fácilmente escandalizable comunidad cristiana internacional con La última tentación de Cristo (1988), adaptación de la novela de Nikos Kazantzakis protagonizada por Willem Dafoe.

Mel Gibson dirige su versión en clave gore de la tortura y crucifixión de Cristo (Jim Caviezel) en La pasión de Cristo (2004), rodada en arameo, latín y hebreo.

Por citar solo unas cuantas. La vida del presunto hijo de Dios ha dado para mucho en el cine.

En 1979 los Monty Python le dan la vuelta a todo esto y legan a la posteridad la inolvidable La vida de Brian, que cuenta las aventuras de un niño nacido en el establo de al lado de donde nació Jesús que ha regalado a la humanidad algunos momentos grandiosos, como ese alegato final que propugna buscarle el lado bueno a todas las cosas, incluida una crucifixión.

Una especie de spin off de estas películas es Barrabás (1961), dirigida por el gran Richard Fleischer y protagonizada por Anthony Quinn como el criminal a quien la multitud salva en lugar de a Cristo cuando Poncio Pilatos les ofrece esta posibilidad.


LA EDAD DORADA

Sin duda el apogeo de las películas de romanos y cristianos, de estas superproducciones que vuelven a nuestras vidas al menos una vez al año, son los años 50.

Ben-Hur quizá sea la más. En 1925 Fred Niblo adapta la novela del general Lewis Wallace con Ramón Novarro como protagonista. En 1959 William Wyler dirige una nueva versión de la obra que protagonizan el inimitable Charton Heston, convertido en el paradigma del héroe de acción histórico, y Stephen Boyd como Messala, que viven una historia de amor imposible que acaba en tragedia. Epítome del kolossal que conviene ver en pantalla grande para verlo todo, cuenta con un par de cameos de Jesucristo.

Se anuncia para este año el estreno de una nueva versión del clásico dirigida por el ruso-kazajo Timur Bekmambetov que realmente nadie quiere ver.

O quizá la más sea Quo vadis (1951), dirigida por Mervyn LeRoy, adaptación de la novela Quo vadis? del polaco Henryk Sienkiewicz, que recibió el quinto premio Nobel de Literatura de la historia, y que había sido previamente trasladada al cine en diversas ocasiones (con y sin interrogante) desde la primera en 1901 y pasando por dos versiones italianas en 1913 (dirigida por Enrico Guazzoni) y 1924 (con Emil Jannings en el papel de Nerón).

Quo vadis cuenta la historia de los primeros cristianos, de Pedro y Pablo predicando en Roma y de la pelea del forzudo Ursus con un toro, de un Nerón enloquecido interpretado por Peter Ustinov y de un lúcido y desencantado Séneca y sobre todo del amor entre un general romano de prestigio (Robert Taylor) y una conversa (Deborah Kerr).

La túnica sagrada (1953), de Henry Koster, fue la primera película rodada en Cinemascope que se estrenó. Cuenta la historia de un tribuno romano (Richard Burton) y su esclavo Demetrio (Victor Mature) que ven la Luz tras presenciar la muerte de Cristo. Tuvo una secuela que dirigió Delmer Daves, Demetrio y los gladiadores (1954).


ALGUNOS HOMBRES (Y UNA MUJER) BUENOS

La italiana Fabiola (1949), de Alessandro Blasetti, cuenta la conversión al cristianismo y posterior persecución de la aristócrata romana que le da título, interpretada por Michèle Morgan.

Sebastiane (1976), título emblemático del cine gay, rodado en latín por Paul Humfress y Derek Jarman, relata la vida, afiliación al cristianismo y asaeteamiento de un soldado romano posteriormente mártir y santo.

Robert Foxworth y Anthony Hopkins son los Peter and Paul de la tv-movie dirigida por Robert Day sobre dos de los Padres Fundadores.

Chester Erskine dirige en 1952 Androcles y el león, donde Victor Mature interpreta a un cristiano que arranca la espina de la pata de un león y se hacen amigos.

En su última película el veterano Frank Borzage cuenta la historia de Pedro en El gran pescador (1959).


‘RESUCITADO’

Kevin Reynolds dirige esta superproducción que demuestra que el género sigue vivo. Joseph Fiennes es un tribuno romano encargado de buscar el cuerpo de ese nazareno revolucionario llamado Jesucristo. Su cadáver ha desaparecido y los rumores de que ha resucitado se extienden por todo el Imperio. Clavius debe encontrarlo para demostrar que sigue muerto, porque la noticia de su vuelta a la vida podría significar el inicio de una revolución contra Roma.

Según una frase promocional de la película: Vive el acontecimiento que cambió el mundo con los ojos de un no creyente.

Resucitado (2016) es un thriller sobre uno de los misterios más grandes de la historia: ¿Era Jesucristo el hijo de Dios? ¿Resucitó realmente? ¿La religión que han seguido y siguen en el mundo millones de personas nació de una gran mentira?

Después de casi una década apartado de las pantallas de cine, el texano Kevin Reynolds –director muy popular en su momento gracias a títulos como Robin Hood, príncipe de los ladrones (1991), Rapa Nui (1994), Waterworld (1995) o La venganza del conde de Montecristo (2002)– vuelve a las mismas por todo lo grande con esta historia ‘bigger than life’ en la que un hombre debe replantearse sus convicciones más íntimas. Un soldado descreído enfrentado a muchos creyentes que piensan sin ninguna duda que Jesús es el hijo de Dios y que ha vuelto de entre los muertos. 

– ¿Qué te da miedo?

– Equivocarme. Y que la eternidad dependa de ello.