DAVID CRONENBERG, COMPAÑERO DE PESADILLAS Y SUEÑOS

“Debo decir que yo no he visto muchos filmes de terror”

David Cronenberg estrena nueva película, lo cual es siempre motivo de alegría. Compañero imprescindible de los amantes del fantástico y del cine en general de las últimas cinco décadas, contador de historias y enfermedades, buceador por el lado más oscuro de la sociedad y del alma humanas, cronista de epidemias, locuras y soledades, de violencia y fluidos, retratista de los más secretos deseos del cuerpo, compañero de pesadillas y sueños, de todo tipo de humedades, responsable de que los gemelos y gemelas ya no hagan tanta gracia, adaptador de King, Ballard, DeLillo o, lo que es más difícil, William S. Burroughs. Cincuenta años de viaje. Uno de los nuestros. Uno de los grandes.

Maestro del fantástico

“Debo decir que yo no he visto muchos filmes de terror”

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Considerado uno de los grandes maestros del género de toda la historia (aunque en los últimos años haya transitado más por otros territorios), entendiendo el fantástico en su concepción más amplia y perturbadora. Tras un par de extrañas películas experimentales entra de lleno en el género con títulos de presupuestos cada vez mayores como Vinieron de dentro de… (1975), Rabia (1976), Videodrome (1982), La zona muerta (1983) o La mosca (1985). Con Inseparables (1988), una de las cimas de su carrera, abre el espectro y comienza a transitar por otros senderos –Una historia de violencia (2005), Un método peligroso (2011)–, aunque retomando el camino en ocasiones –eXistenZ (1999)–. David Cronenberg, junto con John Carpenter, quizá sea el cineasta que con mayor coherencia y continuidad ha trabajado en el fantástico a lo largo de su extensa carrera.

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La “nueva carne” ya está aquí

“El cuerpo humano no tiene nada de absoluto, existe siempre la oportunidad de renovarlo”

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David Cronenberg se convirtió a finales de los 70 y primeros 80 en uno de los apóstoles de lo que se llamó la “nueva carne”: metal y carne confundidos, cuerpos de acero y vísceras, sangre y aceite… Una era que ha ya llegado: la icónica imagen de James Woods en Videodrome rebuscando en su interior ha dejado paso a los apéndices de diversos colores y tamaños que han aparecido al final de las extremidades superiores de los seres humanos, que cada vez hacen más cosas y que prácticamente han perdido su función original: la comunicación. Millones de personas de todo el mundo son incapaces de despegar sus dedos de estos “orgasmatrones” de bolsillo, todo el día tecleando, haciendo fotografías, navegando, contando al mundo cómo transcurren sus días y sus vidas sin que a este le interese demasiado… Los acarician, toquetean y juegan con estos nuevos instrumentos de placer en los que dicen que incluso se pueden leer revistas de cine ¿para qué?) sin olor a papel ni a tinta. El maestro del Canadá nos lo había advertido. La “nueva carne” ya está aquí.

El cine canadiense está de moda

“Solo puedo hacer filmes canadienses: soy completamente canadiense y no americano”.

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Canadá es un lugar MUY grande donde vive MUY poca gente. Es el segundo país más grande del mundo pero en cambio tiene la misma población que el área metropolitana de Tokio. Su jefa de Estado vive a miles de kilómetros de allí y es reina. Desde Europa a veces tiende a confundirse con Estados Unidos, pero con las puertas de las casas abiertas, según cuenta Michael Moore, uno de tantos vecinos del sur que se ríen un poco de ellos. Allí han nacido o desarrollado casi toda su carrera cineastas tan interesantes como los ya consagrados David Cronenberg, Atom Egoyan o Denys Arcand, quizá la santa trinidad del cine canadiense contemporáneo (junto con el ultra-independiente Guy Maddin).

Pero en los últimos años ha surgido un puñado de cineastas canadienses muy diferentes entre sí que asoman por las pantallas de todo el mundo: Denis VilleneuvePrisoners (2013)– compite en festivales de todo el mundo, Xavier DolanMommy (2014)– es el nuevo enfant terrible del cine quebecois y galáctico, el hijo de Cronenberg ha debutado con una prometedora y (por supuesto) enfermiza ópera prima –Antiviral (2012)–, la actriz Sarah Polley ya ha dirigido tres largos –entre ellos el apasionante “yocumental” Stories We Tell (2012)–, Jean-Marc Vallée –C.R.A.Z.Y. (2005)– tras varias películas de éxito ya ha sido abducido por el lado oscuro y trabaja en Hollywood. El cine canadiense está más vivo que nunca.


Pequeño pero sincero homenaje a los que ponen los títulos de las películas

“No hay una realidad absoluta. Cada uno la vemos de manera diferente”

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Un tema clásico, motivo de infinidad conversaciones de bares y restaurantes entre aficionados al cine, en las que cabe todo tipo de opiniones y sentimientos: amor, odio, incomprensión, indiferencia… En este primer número y aprovechando la excusa de Cronenberg, es necesario y un acto de justicia homenajear a quienes desde siempre (y desde las distribuidoras) han cambiado los títulos originales de las películas porque no les sonaba bien la traducción, porque les parecía poco comercial, porque tenían un mal día o simplemente porque podían.

Aunque con el paso del tiempo la cuestión ha mejorado/empeorado (hay opiniones para todo), lo cierto que los comienzos fueron esperanzadores: Shivers (“Escalofríos”) aka The Parasite Murders se transformó en la aterradora Vinieron de dentro de…, The Brood (“La camada”) fue Cromosoma 3 (1979), Dead Ringers se convirtió en Inseparables (para que no hubiera dudas) y la escueta Scanners (1980) se engrandeció y transformó en la descriptiva Scanners… su solo pensamiento podía matar.