DE BRONXON A NEESON

de-bronxon-a-neesonLiam Neeson se ha convertido en los últimos años en uno de los tipos duros del cine americano (y europeo). Tras una larga carrera llena de éxitos en la que prácticamente no ha dejado de trabajar en todo tipo de producciones, ya entrado en los sesenta años se ha transformado, gracias sobre todo a la trilogía Venganza, en el nuevo justiciero del mundo del celuloide, en el hombre destinado a acabar con un puñado de criminales en cada nuevo filme con la excusa de salvar a su familia. Y ya puestos –gracias también a títulos como Caminando entre las tumbas (2014) o Infierno blanco (2011)- en algo así como el padre que a Jason Statham le hubiera gustado tener. Neeson se ha convertido en el Charles Bronson del siglo XXI, el nuevo justiciero, el vigilante.


EL ‘VIGILANTE’

Después de interpretar a tipos duros en películas de cine negro, bélicas o westerns, Charles Bronson se convirtió de la mano del recordado Michael Winner en 1974 en el vengador por excelencia, en el justiciero que para vengar a su familia o amigos asesinados comienza a patrullar para acabar sin ninguna piedad con varias decenas de pandilleros, macarras y gentes sin los cuales las calles estarán más limpias en la saga Death Wish. Esta estaba compuesta por cuatro películas tituladas en España, en este orden, El justiciero de la ciudad (1974), Yo soy la justicia (1982), El justiciero de la noche (1985) y Yo soy la justicia II (1987), las tres primeras dirigidas por Winner y la última, por J. Lee Thompson.

La venganza ha aparecido en el cine desde que el cine es cine, como en el mundo desde que el mundo es mundo, pero la mirada fría como el acero de Bronson, su absoluta inmisericordia y su ausencia de dudas antes de matar lo convirtieron en un (polémico) héroe en los años setenta y ochenta, dedicado con auténtica pasión a hacer el trabajo que pensaba que las autoridades no hacían, en unos años en que la delincuencia se había convertido en un problema muy grave en las grandes ciudades de los EEUU.


VENGANZAS

Treinta y cuatro años después de que Charles Bronson se convirtiera en el arquitecto vengador Paul Kersey, Liam Neeson encarna por primera vez al agente especial ¿retirado? Bryan Mills.

En un momento en que las estrellas del cine de acción de los 80 han descubierto la posibilidad de ganar dinero y pasárselo bien en el terreno de la acción casi auto-paródica en esos entrañables homenajes que son las películas de Los mercenarios, Neeson, tras haber tanteado el género de acción juvenil como el maestro jedi Qui-Gon Jinn en las nuevas películas de la saga Star Wars, da un paso adelante y se convierte de la mano de Luc Besson (productor y guionista de las tres películas) en un action hero de los de toda la vida.

Desde París –Venganza (2008)- hasta Los Ángeles –V3nganza (2014)-  pasando por Estambul –Venganza: Conexión Estambul (2012)– Mills pelea a muerte por su familia contra todos aquellos que se le pongan por delante.

COLLET-SERRA

Y en medio de las venganzas aparece el director catalán Jaume Collet-Serra, que había dirigido un par de películas de terror de bajo presupuesto y bastante éxito –La casa de cera (2005) y La huérfana (2009)– y que acaba dándole matices y convirtiéndo al actor en un ‘héroe’ quizá involuntario.

En Sin identidad (2011) Neeson es un científico atrapado en una intriga criminal en la que ya no sabe quién es. En Non-Stop (Sin escalas) (2014) es un policía de avión que debe superar sus adicciones y su turbio pasado para salvar a los pasajeros del vuelo. Ahora se estrena Una noche para sobrevivir (2015), donde se enfrenta a la organización criminal para la que trabajaba y a su jefe, Ed Harris, para salvar la vida de su hijo.

Jaume Collet-Serra aprovecha el personaje en que se ha convertido Neeson en los últimos años para añadirle un pasado y hacerle pelear para tener una nueva oportunidad en la vida.

EL CINE DE ACCIÓN YA NO ES LO QUE ERA

En cierta forma estas películas de Liam Neeson vuelven a los años ochenta. El cine de acción ha conocido un declive y sobre todo una puerilización conforme se sofisticaban los efectos especiales y se apretaban las mallas. Películas de superhéroes, de coches que se hacen robots o viceversa, películas muy políticamente correctas, domesticadas, adocenadas y asépticas, en las que las peleas NO SE VEN ahogadas por unos innecesarios movimientos de cámara cuyo objetivo (al igual que en las retransmisiones de fútbol actuales) parece ser ese, que no se vea nada, no vaya a ser que la sangre salpique la pantalla e indigeste las palomitas a los niños y niñas que las ven. Liam Neeson es Chuck Norris antes de ser ranger, Jean-Claude Van Damme antes de JCVD (2008), Steven Seagal antes de… No todo está perdido.