DEPORTES EN EL CINE

El cine ha retratado a lo largo de su historia los deportes de formas muy diferentes, hay algunos que han sido especialmente bien tratados, como el boxeo y a veces el béisbol o el billar –¿el billar es un deporte? Aquí sí, cualquier pretexto es bueno para hablar de El buscavidas (Robert Rossen, 1955)–. Y otros que no han tenido la misma suerte, algunos por ausencia casi total de presencia y otros porque han tenido poca o poco afortunada traslación a las pantallas de cine y aún esperan LA película.


EL DEPORTE REY

Sin embargo, y ciñéndonos básicamente al cine de ficción (porque documentales hay sobre todo lo que uno pueda imaginarse), resulta curioso que el auténtico deporte rey, el atletismo, haya tenido tan poca presencia a lo largo de la historia del cine. Desde el monumental fresco en dos partes Olympia (1938), de Leni Riefenstahl, oda al ejercicio físico, al cuerpo y de paso a la raza aria, son pocos los filmes dedicados al padre de todos los deportes. El más famoso es sin duda Carros de fuego (Hugh Hudson, 1981), ambientado en los Juegos Olímpicos de 1924 y recordado por la música de Vangelis.

Otras películas destacadas son Prefontaine (Steve James, 1997) y Without Limits (Robert Towne, 1998), sendos biopics del mítico corredor de Oregón Steve Prefontaine (interpretado por Jared Leto y Billy Crudup, respectivamente), fallecido en un accidente de coche a los 24 años. El último maratón (Roy Nilsson, 1986), la alemana El ladrón (Benjamin Heisenberg, 2010), sobre un atracador que comienza a correr maratones, y el documental Town of Runners (Jerry Rothwell, 2012), que sigue a tres adolescentes etíopes en su intento de convertirse en atletas profesionales e imitar los logros de sus compatriotas Tirunesh Dibaba o Meseret Defar, son otros ejemplos de cine sobre atletismo, que aún espera sus grandes películas.


BALOMPIÉ

Otro día ya habrá tiempo y espacio para dedicar un estudio más amplio y pormenorizado sobre el paso del fútbol por las pantallas de cine, que realmente no ha sido demasiado importante en comparación con las pasiones que mueve en todo el mundo y el dinero que genera. Quizá ello pueda deberse a la dificultad de plasmar en una pantalla las mejores jugadas de un partido, a la imposibilidad de reproducir con un actor un regate de Maradona o una carrera de Mario Alberto Kempes. Quien quiera más información al respecto puede acudir al manual de referencia escrito por el crítico de cine y exfutbolista Carlos Marañón, Fútbol y cine.

Pero no está de más citar un clásico como Evasión o victoria (1981), dirigido por John Huston y recordado no solo por las palomitas de Sylvester Stallone, sino también por estar protagonizada por leyendas del fútbol como Pelé, Osvaldo Ardiles o Bobby Moore. Alfredo Di Stéfano –Saeta rubia (Javier Setó, 1956)–, Kubala –Los ases buscan la paz (Arturo Ruiz Castillo, 1955)– o Eric Cantona –Buscando a Eric (Ken Loach, 2009)– también han protagonizado algunas películas.

The Damned United (Tom Hooper, 2009), retrato de los 44 días que el legendario entrenador Brian Clough estuvo al frente del Leeds United, quizá sea el título más destacado de los últimos tiempos. También conviene resaltar otras películas británicas como Fuera de juego (David Evans, 1997), basada en las memorias futboleras de Nick Horny, que describe como nadie la pasión por el balompié y su importancia en el crecimiento personal y social; Quiero ser como Beckham (Gurinder Chadha, 2002), ambientada en el mundo del olvidado fútbol femenino, y El sueño de Jimmy Grimble (John Hay, 2002), sobre un niño futbolista incapaz de cambiar su City por el todopoderoso United de la época.

Ahora que el fútbol se ha convertido en algo cool y se expande (más) por todo el universo, llegan interesantes películas desde todas partes, como la iraní Offside (Jafar Panahi, 2006), la mexicana Rudo y cursi (Carlos Cuarón, 2008), la venezolana Hermano (Marcel Rasquin, 2010), la española Diamantes negros (Miguel Alcantud, 2013) o la rumana El segundo juego (Corneliu Porumboiu, 2014).


BOXEO

toro salvaje

Sin ninguna duda el deporte que mejor ha sido retratado por el cine, que le ha dedicado un buen puñado de obras maestras. En relatos (más o menos) biográficos de figuras históricas como James J. Corbett (Errol Flynn) –Gentleman Jim (Raoul Walsh, 1942)–, Rocky Graziano (Paul Newman) –Marcado por el odio (Robert Wise, 1956), título español que desmerece el original Somebody Up There Likes Me– o Jake LaMotta (Robert De Niro) –Toro salvaje (1980)–; en títulos de cine negro que muestran su cara más oscura como Cuerpo y alma (Robert Rossen, 1947), Nadie puede vencerme (Robert Wise, 1949), El ídolo de barro (Mark Robson, 1949) o Más dura será la caída (Mark Robson, 1956); en historias de perdedores como la magistral Fat City (1972), de John Huston; en relatos de carismáticos púgiles de ficción como Rocky (John G. Avildsen, 1976), que dio lugar a la saga boxística más famosa de la historia –con mención especial a Rocky IV (Sylvester Stallone, 1985) y toda esa iconografía de la guerra fría–.

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Películas de los últimos años como el extraordinario documento When We Were Kings (Leon Gast, 1996) –sobre el rumble in the jungle entre Ali y Foreman en Kinsasa en 1974–, Huracán Carter (Norman Jewison, 1999), Ali (Michael Mann, 2001), Million Dollar Baby (Clint Eastwood, 2004), Rocky Balboa (Sylvester Stallone, 2006), The Fighter (David O. Russell, 2010) o la novísima Creed (Ryan Coogler, 2015), donde Rocky entrena al hijo de Apollo, demuestran que el romance entre el cinematógrafo y el deporte de las cuatro cuerdas prosigue.

Y aunque se ambiente en el mundo del wrestling, resulta obligatorio citar aquí uno de los retratos más estremecedores jamás rodados sobre un profesional de la lucha, interpretado por Michey Rourke: El luchador (Darren Aronofsky, 2008).

DEPORTES USA

De los cuatro deportes naciones estadounidenses el béisbol es quien ha merecido más y mejor atención, con títulos como El orgullo de los Yanquis (Sam Wood, 1942), biografía del mítico jugador Lou Gehrig (Gary Cooper), El mejor (Barry Levinson, 1984), la extravagante Campo de sueños (Phil Alden Robinson, 1989), Eight Men Out (John Sayles, 1988), que cuenta cómo en 1919 algunos jugadores del mejor equipo de la época, los Chicago White Sox, se dejaron perder por dinero, o Moneyball (Bennett Miller, 2011).

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El baloncesto ha aparecido como escenario de muchas películas (especialmente los partidos de los Lakers), pero su liga profesional no ha conocido ningún gran título. Suelen ser más interesantes los filmes centrados en ligas universitarias o juveniles –Hoosiers: Más que ídolos (David Anspaugh, 1986), Coach Carter (Thomas Carter, 2005)–. Quizá el más famoso sea Space Jam (Joe Pytka, 1996) por el protagonismo de Michael Jordan. Como rarezas se pueden citar Una tribu en la cancha (1996), dirigida por Paul Michael Glaser (Starsky) y protagonizada por Kevin Bacon, y Los blancos no la saben meter (Ron Shelton, 1992), –desprejuiciada traducción al castellano de White Men Can’s Jump–, ambientada en el mundo del street basket y protagonizada por Wesley Snipes y Woody Harrelson.

Antes de un puñado de películas basadas en hechos reales como Titanes, hicieron historia (Boaz Yakin, 2000) o Invencible (Ericson Core, 2006), el fútbol americano sí consiguió SU película cuando Oliver Stone dirigió en 1999 la poderosa Un domingo cualquiera, referencia obligada desde entonces a la hora de acercarse a cualquier deporte. La divertida El castañazo (George Roy Hill, 1977) quizá sea la cinta ambientada en el mundo del hockey sobre hielo más recordada –sin contar el reciente documental sobre el equipo soviético Red Army (Gabe Polsky, 2014)–.

castañazo


MIX

Hay otros deportes que también se han asomado ocasionalmente a la gran pantalla, como el golf –la reivindicable Tin Cup (Ron Shelton, 1996)–, el tenis –Wimbledon (Richard Loncraine, 2004)–, el rugby –Invictus (Clint Eastwood, 2009), basada en el libro de John Carlin, relato de cómo Nelson Mandela utilizó ese deporte para crear lazos de unión en Sudáfrica tras el fin del apartheid–, el ciclismo –La bici de Ghislain Lambert (Philippe Harel, 2001)–, Fórmula 1 –Rush (Ron Howard, 2013)–, vela –En solitario (Christophe Offenstein, 2013)–, artes marciales –Karate Kid (John G. Avildsen, 1984)–, el alpinismo –la navarra Pura vida (Pablo Iraburu y Migueltxo Molina, 2012)–, el patinaje artístico –Soñando, soñando… triunfé patinando (Tim Fywell, 2005), traducción casi literal del original Ice Princess– o el surf –Le llaman Bodhi (Kathryn Bigelow, 1991)–.

invictus

Las carreras de caballos y su promesa de dinero fácil han sido uno de los escenarios favoritos para la novela negra y también para el cine del mismo color –mención especial para Atraco perfecto (Stanley Kubrick, 1956)–, pero algunos filmes como Seabiscuit (Gary Ross, 2003) se han ocupado del aspecto deportivo de las mismas. La española Bestezuelas (Carlos Pastor, 2010) se ambientó en el decadente mundo de las carreras de galgos, muy populares hace unas décadas.

Dos recomendaciones finales para gourmets: Men with Brooms (Paul Gross, 2002), comedia sobre un equipo canadiense aficionado de curling, y Murderball (Henry Alex Rubin y Dana Adam Shapiro, 2005), salvaje documental sobre el rubgy en silla de ruedas.