ENTREVISTA/ JAVIER GUTIÉRREZ

“¿Somos capaces de muchas cosas? ¿Nos sentimos capaces de muchas cosas? Si te pones a pensar en las discapacidades que tenemos cada uno no nos consideraríamos tan por encima de las personas, en teoría, con discapacidad”. Así de rotundo reflexiona Javier Gutiérrez sobre las discapacidades que, todos, tenemos. Y cómo, precisamente por ello, no deberíamos tratar como diferentes a aquellos que sí las tienen diagnosticadas. El actor, recién ganador del Goya por su papel en El Autor (Manuel Martín Cuenca), es el protagonista de Campeones, la nueva película de Javier Fesser, en la que interpreta a Marco, el segundo entrenador de un equipo profesional que debe ponerse al mando de un otro de discapacitados intelectuales.

Poco acostumbrados a ver a estas personas en pantalla, y mucho menos practicando algún deporte, aquí se normaliza su presencia, mostrándolos no sólo jugando al baloncesto, sino también trabajando, duchándose, cogiendo el autobús, durmiendo o bañándose en la playa, y con humor. “Es una película muy macarra, muy políticamente incorrecta, muy valiente y que nos da una bofetada de pura y de cruda realidad” sentencia el actor, al que el tema de la misma le mueve especialmente en el terreno personal: su hijo pequeño padece una discapacidad.

TÍTULO: CAMPEONES DIRECTOR: JAVIER FESSER DURACIÓN: 100 MINUTOS GÉNERO: COMEDIA DISTRIBUIDORA: UNIVERSAL PICTURES SPAIN ESTRENO: 6 DE ABRIL DE 2018

¿Fue la normalización de la discapacidad intelectual de la película uno de los motivos por los que decidiste participar?

Totalmente, creo que es importante que no perdamos de vista que son personas como nosotros, con las mimas inquietudes, los mismos deseos y con las mismas necesidades. No son marcianos, quizás los marcianos seamos nosotros. Decía una cosa muy interesante Javier Fesser de que las personas que nos consideramos con capacidades utilizamos un 50% de ellas para esconder nuestras discapacidades. Y respecto a esas personas que suponemos que tienen discapacidad, con éstas mermadas en un 50%, reamente estamos equiparados, porque ese 50% que se supone que tenemos de más lo empleamos en disfrazarnos, ocultarnos y para engañar al otro. Creo que no somos tan diferentes, que las personas con discapacidad tienen otras capacidades distintas, diferentes. Y ahí radica también lo interesante, que el ser humano es diferente y que yo no me considere mejor, peor, o por encima de otra persona que pueda tener capacidades distintas a las mías.

¿Por qué piensas que los que en teoría no tenemos discapacidad tenemos esta tendencia a querer ocultarnos?

Porque nos han educado así. Vivimos en una sociedad muy perversa donde reinan la mentira, el engaño, la falsedad y la hipocresía. Eso hace que personas que están llamadas o tienen la etiqueta de capaces estén llenas de discapacidades. Y una de las mayores discapacidades, como le pasa al personaje que interpreto en la película, es que es un analfabeto emocional, pero auténtico. Esto hace que tenga una tara muy importante en su vida. Si hay algo de lo que he aprendido en esta peli es que la mayoría de las personas con discapacidad que han trabajado en ella no la tienen. Dan auténticas lecciones de amor, de afecto, de cariño, de entrega, de confianza en el otro de la que tenemos mucho que aprender.

¿Tienes algún cercano o familiar que te hubiera hecho contactar con gente con discapacidad antes?

Sí, tengo un hijo con una discapacidad, pero él tiene nueve años y los chicos que aparecen en la película son ya mayores. Algunos ya han terminado el colegio y están trabajando en talleres ocupacionales o en empresas que tienen convenios con asociaciones. Sé de lo que hablo y me apetecía mucho involucrarme en un proyecto como éste. No sólo me mueve lo profesional sino que hay un componente personal casi más importante.

¿Cómo piensas que puede el deporte ayudar a las personas con discapacidad?

El deporte bien entendido nos puede ayudar a todos. Esa idea de espíritu de sacrificio y de equipo que sí se conserva en la película se ha perdido a día de hoy porque el mundo del deporte sino es de base es un mundo muy elitista, muy marcado por lo mercantil y el negocio. Lo importante no es ganar, lo importante es participar e intentar superar los obstáculos que se le presentan a uno en la vida, o en el partido de la vida.

¿Piensas que el poder inclusivo que el deporte tiene en la película lo tiene o puede tenerlo también el cine?

Sí, supongo que si esta película funciona se apostará por un cine más en esta línea. No hay que olvidar que el cine es un negocio también, para hacer proyectos tan interesantes como éste tiene que haber gente que apueste por ellos. Yo deseo que esta película funcione por muchos motivos, pero uno de los más importante es para que se siga apostando por un cine social, que aquí tiene mucho de comercial también.

Teniendo en cuenta que se trata un tema generalmente tapado aquí se trata con humor, normalizándolo. ¿Vivimos un buen momento para el humor?

Un compañero tuyo me comentó que se había abierto un debate en twitter sólo por el tráiler, que ya habían vertido opiniones diciendo que nos estábamos riendo de las personas con discapacidad y que era una falta de respeto. La perversión del lenguaje y la rapidez con la que nos expresamos a través de las redes sociales es muy peligrosa. Creo que hay que acercarse a la película, hay que verla con objetividad, con el corazón abierto, sin ningún prejuicio. El miedo es la peor discapacidad. Creo que estamos llenos de miedo, muy prejuiciosos y reticentes a entrar en un universo que desconocemos.

Dada tu profesión, ¿sientes que tienes libertad para poder expresar lo que quieras?

Siento que ha habido una intoxicación por ciertos medios de comunicación hacia el mundo de la cultura, el mundo del cine en particular y que cada vez que hemos abierto la boca nos han poco menos que lapidado. Creo que uno tiene todo el derecho a manifestarse pero no como actor sino como ciudadano. Yo lo soy y me interesan los problemas de este país, de mi ciudad y los de mi comunidad de vecinos y desde ahí funciono. Otra cosa es que como actor el eco de lo que yo diga pueda tener más repercusión, independientemente de que considere que mi opinión no es más importante que otra. No me quiero erigir ni convertir en un líder de opinión ni creo que sea tan interesante como para exponerla en un tuit por ejemplo, a no ser que sea algo que me afecte o que me vea obligado a ello por algún motivo concreto.

¿Por qué decidiste ser actor?

Quise ser actor para vencer una timidez enfermiza, como otros muchos actores. Los actores aunque parezcamos una cosa somos realmente otra. Somos grandes tímidos y por eso necesitamos de ese disfraz, ponernos otros trajes, no para ocultar nuestra verdadera identidad de la que yo estoy feliz y me siento muy orgulloso sino porque es también muy emocionante y excitante vivir otras vidas.

En el caso de Campeones, ¿cómo has vivido meterte en la piel de un entrenador de baloncesto?

Ha sido muy divertido porque a mí me apasiona el baloncesto y el deporte en general. Pienso que los entrenadores de fútbol y baloncesto son unos auténticos personajes por cómo viven el deporte, con qué pasión y con qué autoridad. En ese sentido, me parecen muy interesante el comienzo de la película y el final, son dos partidos muy diferentes y a la vez muy bien filmados, muy bien retratados.

¿Habría sido muy diferente tu personaje si hubiera sido el de primer entrenador y no el segundo?

No, no creo. De hecho, en esta película el segundo se erige casi como primero por los comportamientos que tiene y su actitud y eso invita a pensar que tiene los pies fuera del tiesto.

No sólo cambian la actitud de tu personaje entrenando a un equipo profesional como el Movistar Estudiantes y a uno de discapacitados. También lo hacen las aficiones.

Claro, cuando se vive el deporte como un negocio cambia absolutamente todo y cuando se vive el deporte como inclusión, como aprendizaje, como forma de integración en la sociedad todo cobra otra dimensión: otro aspecto más lúdico, más festivo y más auténtico. Esto pasa no solo por los jugadores sino que también por los familiares, por la gente que se acerca a ver ese tipo de partidos. Ahí no importa ganar, ahí lo importante es ver cómo se supera los obstáculos día a día y cómo alguien que es incapaz de en veinte partidos meter una canasta llega el partido veintiuno y meter un triple. Es una felicidad absoluta.