ENTREVISTA/ SEAN BAKER

Los alrededores de Orlando, considerada como la capital vacacional del planeta y hogar del lugar más mágico del mundo: Walt Disney World, son el contexto en el que el estadounidense Sean Baker sitúa su sexta película: The Florida Project. Los moteles baratos que en su día albergaban a los turistas que querían ir a Disney se han convertido en el hogar de aquellos que no pueden asegurarse una residencia permanente. Moonee y su madre conforman una de las familias que habitan en estos lugares pero, en su día a día, lo único que comparten con sus parques temáticos vecinos es la comida basura que una amiga de su madre les consigue del restaurante de comida rápida en el que trabaja.

El director, que debutó con Four Letter Words en el 2000, se alzó con el Premio Robert Altman concedido por los Independent Spirit Awards con Starlet en 2012. En 2015 estrenó en Sundance el largometraje Tangerine, rodado íntegramente con un iPhone. Con The Florida Project vuelve a combinar en su reparto actores con larga trayectoria como William Dafoe con debutantes. A Bria Vinaite, Halley en el film, la encontró a través de su cuenta de Instagram. Brooklynn Prince, con tan sólo siete años, interpreta a su hija. De entre todos los temas abordados en la película, como la actuación de los servicios de menores o la discriminación a la prostitución, Sean Baker admite que para él, el más importante, es el de la crisis de la vivienda.

TÍTULO: THE FLORIDA PROJECT DIRECTOR: SEAN BAKER DURACIÓN: 115 MINUTOS GÉNERO: DRAMA DISTRIBUIDORA: DIAMOND FILMS ESTRENO: 9 DE FEBRERO DE 2018

Es habitual en su cine encontrar temáticas sociales.

Sí, para mí es una responsabilidad. Me gusta hacer películas contemporáneas que hablen de problemas contemporáneos, del mundo de hoy. No sólo porque puedan ayudar sino para que también se conviertan en cápsulas del tiempo para futuras generaciones. Para que sepan cómo vivíamos ahora. Claro que me gustan las películas de época o de género, pero las películas que yo quiero hacer son del ahora, del hoy.

¿Por qué eligió Disney como contexto para contar esta historia?

Es la forma en que el problema llegó a nosotros. Mi coguionista, Chris Bergoch, empezó a mandarme artículos de periódicos sobre el tema en esta zona. Se centraban en los niños y en la triste ironía de la yuxtaposición de éstos creciendo en moteles justo al lado del lugar más mágico. Sin embargo, cuando empecé a documentarme, me di cuenta de que realmente era un problema nacional. Podía haber sido rodada en cualquier estado pero, en Orlando, recalcábamos el problema haciendo que ocurriera ahí, en las sombras de uno de los sitios más alegres y felices para los niños. También fue una oportunidad de hacer una película sobre niños, algo que siempre he querido hacer.

Es habitual en su cine encontrar actores debutantes. ¿De dónde le viene tomar siempre esta decisión?

Me gusta ver caras frescas. Cuando veo películas, me gusta que me introduzcan a nuevos talentos. Spike Lee también lo hacía, trabajaba con actores conocidos rodeados de gente que estaba empezando. Como director me ayuda a que los personajes sean más creíbles. Obviamente, adoro a los grandes actores, trabajar con Willem Dafoe ha sido un regalo, pero me aburre ver en los carteles siempre las mismas caras. No me gusta, atrae ni entusiasma. Quiero algo fresco, nuevo y no visto.

La película está contada desde el punto de vista de la niña protagonista, ¿cómo lo plantearon técnicamente?

Queríamos mostrar ese mundo con los sentimientos de un niño. Decidí con mi director de fotografía Alexis Zabé que los colores serían más fuertes y brillantes. El entorno es también más sonoro como si todos nuestros sentidos fueran incrementados. Quisimos situar siempre la cámara al nivel de los ojos de los niños o por debajo, nunca por encima. Queríamos darles más fuerza y respetarles, que ellos fueran los reyes.

Esto se intensifica en la forma en que cada vez que ocurre algo malo, el espectador lo percibe con la inocencia de los niños.

Sí, están en esa edad en la que empiezan a ver y ser conscientes de más cosas pero no de todo todavía. Ese es el lugar en el que queríamos colocar al público. Esconder ciertas cosas, para que las descubrieran a través de los ojos de Moonee. Que el público no se diera cuenta de lo que estaba ocurriendo a la primera, pero sí a la segunda. Así es como se descubre que la madre se prostituye por ejemplo.

Los personajes son víctimas y, sin embargo, no se les muestra como tal. ¿Tuvo siempre claro que quería dar esta visión sobre ellos?

Hay diferentes formas de acercarse a una realidad. Este tipo de temas pueden ser llevados a la negatividad y convertirse en melodramas, pero para mí estos son planteamientos falsos. Cuando nosotros entrevistamos a la gente que vive en estos moteles, a pesar de las grandes dificultades con las que conviven, siguen siendo seres humanos que viven con alegría. Nos contaron que cada dos fines de semana celebraran los cumpleaños de los niños en los que todos estaban invitados. Si yo no hubiese mostrado que ellos celebran la vida habría sido injusto. No sería una representación fidedigna.

Cuando llevó a cabo esta aproximación a la gente que habita en estos lugares, ¿cómo fue el recibimiento?

Se mostraron abiertos. Muchos se habían sentido invisibles durante tanto tiempo que se lo tomaron como una oportunidad para hablar. Los medios de comunicación llevan tiempo hablando de lo que ocurre allí, pero era la primera vez que un cineasta se acercaba a ellos para hacer una película.