GÉNERO RICARDO DARÍN

“Se dice que Darín es Darín, siempre. Repite el mismo personaje una y otra vez. El punto es que cuando eso se dice de cualquier otro actor que no sea Darín, es una crítica implacable. Un dardo que cuestiona la calidad interpretativa y la performance del actor en cuestión. En el caso de él es una alabanza. Un elogio. El Pancho dice que el ‘hueón’ podría hacer una película de producción rusa, y sería el mismo Darín de siempre. Pese al idioma se las arreglaría para decir algo como ‘qué hacés pelotudo de mierda’”. (Del cuento Darín, de Relatos Huachos, de Víctor Hugo Ortega)

Ricardo Darín es ahora protagonista de La cordillera, único largometraje con parte de producción española que está presente en el Festival de Cine de Cannes. El argentino Santiago Mitre (El estudiante, Paulina), un cineasta al que hay que seguir de cerca, es el director de este drama, donde el actor interpreta al Presidente argentino en una cumbre latinoamericana.


DE LA TELENOVELA AL OSCAR

“Lo mío fue como en el circo: un día falta el volante de los trapecistas y vas vos”. Así explicó Ricardo Darín en una entrevista con el periódico Clarín, cómo se lanzó al ruedo. Tenía diez años y fue en una obra de teatro en la que trabajaban sus padres. Hijo de actores, pues, (Renée Roxana y Ricardo Darín), es también hermano y padre de intérpretes (Alejandra y Chino Darín), y hoy es, sin duda, uno de los nombres más ‘valiosos’ del cine en España y Latinoamérica, un cómico convertido en género.

Rodó decenas de episodios en telenovelas donde hacía de ‘galancito’ y en las que, él mismo ha confesado varias veces, se reía mucho con los textos. En los noventa, con la telecomedia Mi cuñado, que protagonizaba al lado de Luis Brandoni, aumentó vertiginosamente su popularidad. Los primeros años de esa década estuvieron plagados de películas con mucho amor, en el título, en la historia, en los personajes… Los éxitos del amor, La carpa del amor… Pero fue el personaje de Ernesto Vidal en Perdido por perdido (1993), el thriller con el que debutó Alberto Lecchi, el que le colocó en el punto de mira de los críticos, que de repente se dieron cuenta de que existía. Y ahí empezó todo.

LA ERA DARÍN –CAMPANELLA

Ricardo Darín se colocó en primera fila cumplidos los cuarenta (“Es como si hubiese nacido en España a los cuarenta”). España descubrió a este actor extraordinario con el estreno de Nueves reinas, de Fabián Bielinsky (2000).

Antes había aparecido, aunque no en el papel principal, en El faro del Sur (1998), de Eduardo Minogna, con quien repitió en 2001, en la fuga.

Y en el nuevo siglo fue literalmente imparable. Imposible explicar nada de lo que ha ocurrido en su carrera sin hablar de su felicísimo encuentro con Juan José Campanella. El hijo de la novia (2001) es, sin duda, el título de oro de esos años. Con ella, comenzó la ‘era Ricardo Darín’.

Rafael Belvedere: “¿Por qué no me pidieron discernimiento cuando me casé? ¿sabe la mala sangre que me hubiera ahorrado? No, cuando me casé, víctima del amor, algo que ustedes trafican desde hace 2000 años, me recibieron con los brazos abiertos. Diez años después, en mis cabales y con un discernimiento espantoso, me quise separar y me dicen ‘ahora no, ahora no se puede’. ¡Por favor padre! ¿Ahora resulta que para ser católico hay que razonar? Mi mamá no razonaba cuando  la bautizaron, pero en ese momento no importó, había que aumentar la clientela. El primero (sacramento) te lo regalan, el segundo te lo venden y después te borran”. (El hijo de la novia)

Desde entonces, una imagen del actor en un cartel asegura una buena taquilla. No por casualidad, su presencia en un reparto es garantía, aun en productos poco más que mediocres.

Con retraso, pero aprovechando el éxito de aquella película, llegó a España El mismo amor, la misma lluvia (1998). Y descubrimos a Jorge Pellegrini y, con él, una dimensión más en el universo de Ricardo Darín.


Jorge Pellegrini: “Miedo… miradme… cátedra al miedo. Por miedo te perdí, por miedo laboro en algo que odio y por miedo fallé al resto. Yo siempre pensé que lo que tocara se iba a convertir en oro. ¡Mirá vos, todo lo que toco se convierte en mierda! Bueno, no está mal para empezar” (El mismo amor, la misma lluvia)


Luna de Avellaneda, en 2004, fue la siguiente película que hicieron juntos. Ricardo Darín se llevó el Premio al Mejor Actor en la Seminci de Valladolid por su interpretación de Ramón Maldonado, un luchador de barrio que venció cualquier resistencia a su talento si es que aún había alguna.

Ramón Maldonado: “¡Cagaste! Lo único que logras es que me enamore más de vos, que te vea cada vez como una mujer más tierna, más hermosa, más dulce del mundo y se me estalla el corazón cuando te miro y si a vos no te pasa lo mismo , es una cagada que me hagas esto. ¡El amor no es un fosforito, querida! ¡El amor, no es joda! Y vos no te lo bancas al amor”. (Luna de Avellaneda)

‘EL SECRETO DE SUS OJOS’ / “LOS OJOS HABLAN”

A un buen actor, a un gran actor, no le puede pasar nada mejor, más fecundo, que encontrarse cara a cara con otro grande. Ricardo Darín creció en esta película con Soledad Villamil y creció con Guillermo Francella. Creció con un guion buenísimo. Con una emocionante historia de amor. Con un personaje extraordinario… De nuevo con Juan José Campanella, tocó el cielo. Y en esta ocasión, el cielo de Los Ángeles. La película se alzó con el Oscar y a Darín empezaron a tirarle los tejos en EE.UU. “No tengo el menor interés en trabajar en Hollywood”. Lo ha dicho decenas de veces.


En El secreto de sus ojos (2009), una película que conmocionó en Argentina, Ricardo Darín hacía efectivamente honor al título. Lo tenía todo en los ojos. “Los ojos hablan… hablan al pedo los ojos, mejor que se callen”, decía su personaje, Benjamín Esposito, que, daba igual, no podía dejar de hablar con la mirada.

Aquel thriller podría haber significado el momento cumbre en la carrera de cualquier actor, pero en el caso de Darín solo fue otra extraordinaria muestra de su espléndido talento. Ahí están los trabajos que vinieron después en Carancho (Pablo Trapero, 2010), Elefante blanco (Pablo Trapero, 2012), Una pistola en cada mano (Cesc Gay, 2012) o, por supuesto, el inolvidable Bombita de Relatos salvajes (Damián Szifrón, 2014).

‘TRUMAN’ / NUEVOS SOCIOS

Fabián Bielinsky, Eduardo Minogna, Pablo Trapero, Juan José Campanella… y también Cesc Gay. Todo ellos han sabido crear complicidad con Darín, que hace unos años encontró un nuevo ‘socio’ en el cineasta catalán Cesc Gay. Para él interpretó el personaje de G., un tipo que intenta comprender por qué su mujer tiene una aventura con otro hombre (Una pistola en cada mano, 2012). Poco después fue Julián, el personaje principal de Truman, una película de reencuentro y de despedida, una historia de amistad y lealtad, de días compartidos, de emociones controladas…


Con Javier Cámara principalmente, pero también con Dolores Fonzi, Ricardo Darín se enfrentaba a un personaje difícil, que resultó doloroso para él. Un personaje que tenía que plantar cara al pánico de la muerte. “Esta película reverdeció muchos dolores que tenía”, dijo en Argentina el actor, que, una vez más, disfrazaba de naturalidad lo extraordinario.