‘GUILLERMO DEL TORO’

EL UNIVERSO ÚNICO DE UN FETICHISTA

Artefactos, insectos, monstruos y seres fantásticos conviven en el universo único de Guillermo del Toro, un ‘tapatío’ que se exilió a EE.UU. cuando secuestraron a su ‘viejo’ (1998) y no pudo soportar ya tanta violencia. Romántico y enamorado de los clásicos, pero al mismo tiempo enemigo de las reglas, el cineasta volvió al terror con su película La cumbre escarlata, a la que el mismísimo Stephen King ha puesto ya apellidos: “Aterradora, simplemente terrorífica”, después de pelearse a puñetazo y ‘camionazo’ limpio en Pacific Rim, y ahora nos deja flotando de amor con la maravillosa fábula La forma del agua.

 

El FANTASMA DEL TÍO GUILLERMO

“Cuando tenía doce años vi y oí a un fantasma”. El encuentro de su mundo físico con la esencia sobrenatural del  espectro de su tío (Guillermo, como él) es uno de los relatos recurrentes de Guillermo del Toro, que habitualmente recuerda también todo el horror en directo que ha visto en las calles de México –“he visto más cadáveres en México que cualquiera que trabaje en una morgue de Nueva York”-. De estas experiencias, dice, nace su fascinación por el género de terror con el que dio sus primeros pasos en el cine.

Doña Lupe (1985) y Geometría (1987), terror –con mucho humor en el segundo caso-, eran dos cortometrajes que anunciaban la llegada del artista gamberro. El fanático de los artefactos, inventor de mecanismos, artilugios, engranajes…, fetichista obsesionado con los insectos apareció después, con su primer largometraje, Cronos, en 1993. Fue también su primera vez con dos de sus actores fetiche, Federico Luppi y Ron Perlman.

Los nueve Premios Ariel, entre los que estaban los de Mejor Película y Mejor Dirección, y el de Mejor Actor que se llevó Luppi en Sitges pusieron en el cuadro de honor al recién llegado a la dirección. Cuatro años después estaba estrenando su primera producción en EE.UU., Mimic, una epidemia de cucarachas que “a los gringos” les encantó.

 


LA GUERRA CIVIL

Romántico, enamorado de los clásicos, aunque con una mirada absolutamente personal, y, al mismo tiempo, enemigo acérrimo de academicismos y reglas, el mexicano se ha ido revelando película a película como un narrador entusiasta, gran fabulador, rendido ante los monstruos, la fantasía y la oscuridad. Y entre todos los posibles infiernos, Del Toro ha revelado cierta fijación con el español, con el horror que significó la Guerra Civil y la dictadura franquista.

En 2001 rodó El espinazo del diablo, donde contaba la historia de un niño que en 1939, al terminar la guerra, solo en el mundo, entraba a vivir en un siniestro hospicio, donde, entre otros terrores, vivía el de la aparición del fantasma de otro niño que reclamaba venganza por su muerte.  Poco después hizo una de sus películas más celebradas, El laberinto del fauno (2006). Tres Oscar, siete Goyas, tres premios Bafta, el galardón al Mejor Director del Círculo de Criticos de Nueva York, nueve premios Ariel (incluyendo Película y Director)… avalaron la película, una fábula valiosa en la que el terror y la fantasía convivían sin hacerse sombra uno a otra. Sergi López ponía rostro a uno de los monstruos más repulsivos y cruel de todos los que pueblan sus películas, el infame capitán Vidal.


EL COMIC

“Cuando era pequeño soñaba con ser Spiderman, ahora mi sueño es convertirme en Hellboy”, confesó Guillermo del Toro en plena promoción de su primera adaptación del cómic de Mike Mignola. Fan del género desde su infancia, la primera vez que le sirvió de inspiración fue en Blade II (2002), una entretenidísima adaptación de la obra de Marv Wolfman y Gene Colan.

Dos años después hizo su primer Hellboy, un trabajo donde ha demostrado más que en ningún otro el amor y la lealtad incondicional que siente por sus personajes. En la reaparición de su magnífico demonio rojo, Hellboy II: el ejército dorado (2008), Del Toro recuperó su pasión por los engranajes y echó el resto en la creación de las criaturas del mundo subterráneo. Más romántico que en la anterior –memorable la borrachera de Hellboy y Abe Sapiens confesándose males de amor y cantando I Can’t Smile without You-, el cineasta encontró muchos problemas para financiar el filme.

Ahora, el actor Ron Perlman, protagonista de las dos entregas, hace campaña entre los fans, que son legión, y habla de la necesidad de cerrar la trilogía, para lo que, al parecer, hay que salvar un importante obstáculo, hay que convencer a los estudios. “Guillermo me dijo cómo se resolvería la trilogía y cómo se vería a grandes rasgos, y es una idea increíblemente teatral y cinematográfica. Esto fue diseñado para una trilogía, con un principio, una mitad y un final, y sólo hemos hecho dos terceras partes, por lo que sentimos que no lo hemos terminado realmente hasta que lo concluyamos…”

 


DISECCIONADOR DE MONSTRUOS

Otro de los ‘amores’ infantiles de Guillermo del Toro fueron las historias de kaijus, esas criaturas gigantescas que salían del mar y amenazaban la humanidad. Así, tras el esfuerzo que supuso levantar la segunda entrega de Hellboy, se lanzó a otra aventura apasionante: Pacific Rim (2013). El cineasta recuperó en esta película la tradición de los engendros nipones –junto con la de los mechas, robots gigantes- y se consolidó como el director mejor informado y más apasionado en el universo de los monstruos.

“Mi fascinación hacia los monstruos es casi antropológica… los estudio, los disecciono en algunas de mis películas: quiero saber cómo funcionan, qué aspecto tienen por dentro y cómo se comportan”, aseguró hace unos años. Pacific Rim, de la que prepara ya segunda parte, era una magnífica aventura, espectacular, brillante, dotada de lirismo y con unos estupendos personajes, interpretados espléndidamente por Charlie Hunnam, Idris Elba y Rinko Kikuchi.


‘LA CUMBRE ESCARLATA’

Terror gótico plagado de referencias a clásicos como El exorcista (1973), La profecía (1976) o El resplandor (1980), La cumbre escarlata es, en palabras del propio Guillermo del Toro, “un filme muy directo, una historia de fantasmas clásica pero a la vez moderna, que me permitirá jugar con las convenciones de un género al que amo al mismo tiempo que les doy la vuelta”.

Escrita junto a Matthew Robbins, con quien el mexicano ha trabajado ya en varias ocasiones, la película está protagonizada por los británicos Tom Hiddleston y Charlie Hunnam, la americana Jessica Chastain y la australiana Mia Wasikowska. Repiten con Del Toro, Doug Jones y Burn Gorman.

Una mujer, un misterioso galán, una casa que tiene vida… terror sobrenatural, fantasmas y amor, mucho amor. “La película habla de diferentes tipos de amor, un amor posesivo, un amor que se sacrifica, un amor que se libera. No es una película de terror sino de un romance gótico, y en ese tipo de romance siempre hay un cruce de elementos de horror y un toque romántico. Es un 50 y 50”, ha dicho el director en una entrevista concedida a ElDiario mx.

El danés Dan Lausten, fotógrafo de películas de género como Silent Hill (2006), La liga de los hombres extraordinarios (2003) o El pacto de los lobos (2001), toma el relevo del hasta ahora inseparable compañero de aventuras de del Toro, Guillermo Navarro (ganador del Oscar por El laberinto del fauno).

‘LA FORMA DEL AGUA’

Es la película favorita en la carrera por el Oscar, con trece nominaciones. Todas las que gane serán merecidas para este maravilloso cuento de la princesa sin voz, la historia de amor de una chica empleada de la limpieza y un ser anfibio fabuloso.

Ambientada en los años sesenta en EE.UU., la protagonista trabaja en un laboratorio de alto secreto del gobierno americano donde tienen encerrada a una criatura medio humana medio anfibia. Elisa, una joven muda que trabaja en la limpieza con su estupenda compañera Zelda, descubrirá a este ser y se enamorará de él.

Entre ellos se interpone la guerra de espías de la Guerra Fría y sobre todo Richard Strickland, el tipo que descubrió a la criatura, un villano cruel y siniestro que, sin embargo, arrastra con él también algo de víctima del sistema en el que ha creído hasta ahora. El actor Michael Shannon aterroriza bastante en este papel.

Sally Hawkins se encarga maravillosamente del personaje de Elena, mientras que Zelda queda en manos de una espléndida Octavia Spencer. Con ellas, el vecino mayor y gay, artista que no llega a fin de mes, narrador de la historia, interpretado por Richard Jenkins. El ser anfibio, hermoso y seductor, es, una vez más en una película de Del Toro, Doug Jones.