IRREPETIBLE ORSON WELLES

El 6 de mayo de 1915, hace ya cien años, nació en Kenocha (Wisconsin) un hombre adelantado a su tiempo, un personaje irrepetible destinado a convertirse en uno de los cineastas más importantes del siglo XX. Debutó con tres años sobre un escenario, con diez escribía y protagonizaba obras de teatro, con 17 ya trabajaba en Broadway y así todo, siempre antes de lo habitual. Un poco más tarde funda la compañía Mercury Theatre.

Amante de la buena mesa, de los toros y las mujeres, capaz de rodar un plano y un contraplano en dos continentes diferentes y a tres años de distancia. Director de películas como Ciudadano Kane (1941), unánimemente considerada como una de las mejores de todos los tiempos, de algunas de las adaptaciones de Shakespeare más interesantes jamás filmadas, como la extraordinaria Campanadas a medianoche (1965), de un puñado de títulos imperecederos como Sed de mal (1958) o El proceso (1962).

Toda su carrera estuvo marcada por continuos contratiempos económicos para financiar sus filmes, por problemas de todo tipo con productores y estudios que no le impidieron convertirse en uno de los grandes. Uno de los nuestros.

 

‘LA GUERRA DE LOS MUNDOS’

orson-welles-la-guerra-de-los-mundosEl 30 de octubre de 1938 Orson Welles y su Mercury Theatre emitieron en la CBS la adaptación radiofónica que habían creado del clásico de H. G. Wells La guerra de los mundos, sembrando el pánico y la confusión en EEUU. Al comienzo de la transmisión se decía claramente que lo que iban a escuchar era una versión de la obra de Wells, pero según parece la gente que se iba incorporando más tarde a la emisión pensó que los extraterrestres estaban invadiendo de verdad el planeta (o EE.UU., que en el mundo de la ciencia ficción viene a ser lo mismo). Cuentan las crónicas que se desató la histeria colectiva por todo el país, que hubo incluso intentos de suicidio, que el terror se extendió por todas partes… La retransmisión de Welles quedó como un hito de su talento y de la influencia que los medios de comunicación pueden ejercer sobre los seres humanos.

Puedes escuchar íntegra la histórica retransmisión aquí.


 

ROSEBUD

El magnate de la prensa Charles Foster Kane muere. La última palabra que pronuncia es esa ya mítica ‘Rosebud’. Un reportero decide averiguar qué quiso decir con eso, a qué dedicó sus últimos pensamientos un hombre tan poderoso. Este es el comienzo de la primera película dirigida por el ya entonces considerado genio precoz (gracias a su trabajo en el Mercury Theatre y a sus emisiones de radio). Escrita por Welles y Herman J. Mankiewicz (según el libro que se lea, más por uno que por otro) y basada en la controvertida figura del multimillonario William Randolph Hearst, Ciudadano Kane no tuvo demasiado éxito ni de crítica ni en taquilla en el momento de su estreno, pero años después fue revalorizada y considerada unánimemente como una obra innovadora y adelantada a su tiempo, sin duda en mucha parte gracias al trabajo del operador Gregg Toland, responsable de la profundidad de campo de sus planos, de esos contrapicados que llamaron tanto la atención en el momento de su estreno, de esa fotografía tan nueva.

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UNA CARRERA DE OBSTÁCULOS

Luego llegó El cuarto mandamiento (1942), donde adaptó la novela de Tarkington The Magnificent Ambersons, cuyo montaje fue alterado de forma radical por la productora. La carrera de Welles desde entonces se convierte en un intento desesperado por rodar las películas que quiere hacer, en una lucha constante con los estudios. Dirige y protagoniza El extraño (1946) y rueda con Rita Hayworth la intriga La dama de Shanghái (1947), se arruina y trabaja como actor para intentar pagar sus películas. Se acerca en tres ocasiones al universo de William Shakespeare, viaja al corazón de las tinieblas de la frontera en la perturbadora y opresiva Sed de mal, pone en imágenes las pesadillas de Franz Kafka en El proceso, rueda la extraña Mr. Arkadin (1955) y el documental F for Fake (1973), entre otros proyectos que no llegó a finalizar y que se estrenaron o estrenarán posteriormente, como su versión del Quijote, montada por Jess Franco y estrenada en 1992, o la inacabada The Other Side of the Wind.


LAS COSAS QUE HEMOS VISTO

Orson Welles se acerca en tres ocasiones al universo de William Shakespeare en su carrera cinematográfica (porque con el Mercury Theatre ya había adaptado diversas obras, como Julio César o El rey Lear). Y rueda dos de las mejores adaptaciones del dramaturgo de Stratford-upon-Avon, como Macbeth (1948) u Otelo (1952), y además cierra el círculo con Campanadas a medianoche, adaptación de extractos de obras como Enrique IV, Enrique V, Las alegres comadres de Windsor o Ricardo II, con el personaje excesivo de John Falstaff como centro y eje de esta inmersión en un universo shakespeariano también profundamente wellesiano.

Producida por Emiliano Piedra, su rodaje en España se mueve en el terreno de la leyenda, pues se cuentan centenares de anécdotas del mismo. Previsto para doce semanas y alargado hasta los seis meses, el presupuesto tuvo que ir ajustándose y el ingenio agudizándose para rodar escenas con actores que ya se habían marchado tras rodar los días previstos inicialmente. Según le cuenta Welles a Peter Bogdanovich en el imprescindible libro de entrevistas Ciudadano Welles, hubo una escena en que ninguno de los siete actores participantes estaba presente: todos eran extras rodados de espaldas…


PERSONAJES INOLVIDABLES

Siempre carismático, siempre gigantesco y arrollador, de mirada turbia y distanciada, de vuelta de todo pero disfrutando con todo, pícaro y amoral pero en muchas ocasiones simpático, en otras aterrador y en algunas entrañable. Su carrera como actor ha legado al mundo del cine una galería de personajes inolvidables que en ocasiones han conseguido que cuando se piensa en una película, aunque no fuera el protagonista, venga a la mente inmediatamente la imagen de Welles.