LARRY DAVID

ADIVINANZA

¿Quién es capaz de ofender a los minusválidos, las mujeres maltratadas, los ancianos, los niños, los negros, los judíos (su gente) y los asiáticos y tener casi siempre la razón de su lado?

13 Sep 2013, Hollywood, Los Angeles, California, USA --- HOLLYWOOD, CALIFORNIA - SEPTEMBER 13: Portrait of Larry David promoting Modern Family in Hollywood California on September 13, 2013. --- Image by © Armando Gallo/Retna Ltd./Corbis

AHORA ME TOCA A MÍ

Más: ¿Se pueden filmar ochenta capítulos partiendo de unos mecanismos argumentales y unos gags básicamente idénticos en torno a un individuo al que desearías retorcer el pescuezo y que el rodillo resulte siempre fresco e hilarante? En una palabra: sí. En dos palabras: Larry David.

Seinfeld

Comediante, actor, guionista y productor televisivo, Lawrence Gene David (Nueva York, 1947) fue el cocreador de Seinfeld, una catedral erigida a las neurosis de un ‘stand up comedian’ y de su tribu de amigos en Brooklyn. En ella pudo verter sus propias experiencias en clubes de la comedia, series televisivas -donde coincidió por primera vez con parte del reparto- y recodar frustraciones varias, como el hecho de que el Saturday Nigh Life, del que fue guionista a mediados de los 80, sólo emitiera uno de sus sketches… y en la última franja de la madrugada. Convertida en una serie de referencia de los años 90, David salió de ella billonario, pero quizás habiendo agotado las posibilidades de la sitcom trazando círculos en torno a las angustias y las pataletas de un grupo histerizado de neoyorquinos. ¿Qué camino tomar? Girar la cámara hacia sí mismo y volverse insoportable.


UN MAESTRO EN EL TOCAMIENTO DE NARICES

Tras el germinal Larry David: Curb your Enthusiasm, un especial de una hora de duración emitido en octubre de 1999 donde el actor intentaba convencer a los ejecutivos de la HBO de que le permitieran filmar un especial de una hora de duración, la serie Curb your Enthusiasm iniciaba su andadura en octubre del año siguiente en la misma cadena. Sin ligazón directa con el espíritu de la serie (más allá de que los fans de Seinfeld no deberían haber depositado muchas expectativas en la nueva creación, ni en la persona, del cerebro detrás de ella), su título -traducible por Modera tu entusiasmo– puede funcionar perfectamente como una primera broma, una suerte de lema para conducirse por la vida que no se antoja el reclamo más atrayente para un producto de humor. Obviamente hay otra lectura posible según la cual su creador muestra una falsa modestia intentando contener los gritos de júbilo del fan, quien, por cierto, se va a encontrar ahí afuera con mucha hostilidad ya que Curb your Enthusiasm es de esas series que crean una irreconciliable división de opiniones, con ‘haters’ armados hasta los dientes.

¿Qué hace Larry David una vez los focos del set de Seinfeld se han apagado y cuenta con más dinero del que puede gastar? Nada extraordinario, pero todo va bien. Vive en Los Ángeles con su bella esposa, tiene amigos fieles, juega al golf, almuerza en buenos restaurantes, visita a su padre, le da vueltas sin presiones a futuros proyectos, holgazanea. ¿Qué hacer con los grandes sacos de energía remanente? Básicamente indignar a cuantos entran en su radio de acción. Perfeccionar el arte de ser una piedra en el zapato, una cruz pero, eso sí, impelido por motivos razonables o principios hasta cierto puntos comprensibles. He aquí el quid. Larry es un ciudadano modelo, pese a lo cual sólo atrae miradas de odio.


EL GORDO Y EL FLACO 2.0

A pesar de no poder vivir entre sus semejantes, Larry David cuenta con un círculo íntimo que en el mundo real le habrían dado puerta en el capítulo dos. Su escudero y mayor cómplice es su agente, Jeff Greene (encarnado por Jeff Garlin), quien comparte su sentido del humor y sobrelleva con amable resignación su carácter insufrible. Labor esta última en la que sólo le excede en méritos su santa mujer, Cheryl  (Cheryl Hines), quien a bordo de un avión que parecía a punto de estamparse, lo contactó telefónicamente, en lo que pensaba que iba a ser una llamada de despedida, para verse relegada en favor de un reparador de televisiones. No es exagerado decir que esta enésima versión de El Gordo y el Flaco constituye una de las parejas cómicas televisivas más afinadas y desternillantes del siglo XXI. Poniendo constantemente a prueba la amistad entre ambos se sitúa la esposa de Jeff, la mandona y gritona Susie (espléndida Susie Essman), un pequinés que ha echado más veces de su casa a Larry que cambiado de color de uñas.

UN ESPEJO DE TODOS

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David ha descrito su personaje como aquella hipotética versión de sí mismo que no mostrara sensibilidad social ni estuviera familiarizada con las convenciones que rigen el trato cotidiano con los otros. Aunque en muchas ocasiones es el malentendido o la metedura de pata más genuina la que activa el enredo humorístico, la idea motor radica en el primer mandamiento de Larry: POR AQUÍ NO VAS A PASAR.  El protagonista se enzarza en peleas con todo el mundo por su incapacidad para aceptar que la armonía entre los seres humanos implica forzosamente aceptar los errores y carencias ajenos, hacer la vista gorda, entender que hay soluciones molestas pero necesarias para que reine la paz, y por el cumplimiento con determinados sacrificios que garantizan que exista el respeto y la concordia.

Larry David, por el contrario, nunca transige, no perdona una falta, por pequeña que sea, y no importa si el infractor es un amigo del alma, tiene seis años (y vende sus limonadas a un precio excesivo) o padece una enfermedad terminal. El ejercicio de autoficción llevado a cabo a través de las ocho temporadas de la serie formula una de las preguntas más elementales y en el fondo espinosas que cada espectador puede hacerse a sí mismo: ¿qué sería de mí si, en esa situación injusta y agravante que tanto me repatea y frente a la que callo para no buscarme problemas, de repente borrara la sonrisa educada de mi cara y al fin hablara y mostrara mi disconformidad y montara un cisma? En uno de los pósters promocionales de la serie quedaba condensada esta tensión entre nuestro domesticado yo público y nuestro sulfurado yo privado con la frase: “Muy en el fondo, sabes que eres igual que él”.

Larry es capaz de sabotear una prometedora noche de reconciliación y sexo por el cerco dejado por un vaso sobre una mesa de madera. En su mundo todos tragamos idioteces (“¡this is bullshit!” es una de las frases recurrentes del show) y quizás nuestra vida social sea más sana pero nadie duerme más tranquilo por las noches tras haber combatido todo el día contra la hipocresía. De alguna manera el personaje tiene un súper poder: nunca se las dan con queso.


CEMENTERIO ANGELINO DE CÓMICOS

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Ambientada en Los Ángeles y poblada de actores y guionistas de comedia en el dique seco -la excepción sería Ted Danson, al que se presenta como un tipo paternalista y engreído- Curb your Enthusiasm también admite una interesante lectura paralela en tanto que retrato del cementerio de elefantes en que se convierte Hollywood para las viejas glorias. Flotando por un limbo de inactividad laboral y sobrados de tiempo de ocio, los personajes del ex alcohólico Richard Lewis (haciendo de sí mismo) y Marty Funkhouser (encarnado por un Bob Einstein al que las malas decisiones con el bisturí podrían haber llevado a una pesadilla angelina filmada por Lynch o Cronenberg) componen una autoparodia del artista al que ‘la fábrica de sueños’ ya parece haber exprimido todo el jugo.


UNOS OKUPAS NEGROS

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Cuando enfilaba su séptima temporada y los problemas matrimoniales del protagonista apuntaban a mínima variación en una serie maravillosamente inmovilista para los seguidores que han aprendido a disfrutar la sola búsqueda de un nuevo objetivo de las iras de Larry y el intercambio de bastonazos consiguiente, llegó una brillante idea de guion (hasta la quinta temporada estos eran una mera guía de escasas páginas de cara a incentivar la improvisación de los actores). A Larry, maniático hasta la médula y defensor con uñas y dientes de su privacidad, se le metía una familia de raza negra (los…Black) en casa, unos refugiados del huracán Katrina. Entre ellos, Leon Black (J.B. Smoove), un zángano que no se saca el chándal,  que habla a una velocidad de vértigo y que acaba convirtiéndose en una suerte de consejero sentimental y gurú espiritual. La química que transmite la extraña pareja supone toda una invitación no buscada al diálogo interracial. Y es que Larry David, en el fondo, es como tú, pero en el fondo, fondo, fondo, es un buenazo.