‘Las víctimas de la violencia de género no están protegidas’ Xavier Legrand

Un niño se despide de su perra al salir de casa diciéndole “pórtate bien”. En su camino al colegio, se esconde debajo de un puente hasta que suena un claxon. Sale de su escondite y se monta en el coche. Conduce su madre. En el asiento de copiloto está su hermana mayor. Llegan al aparcamiento de un supermercado, corren. Entran en la oficina del edificio y los niños se quedan con un compañero. Myriam anuncia que se va, que necesita su despido, y dinero. Y entre medias, se respira la tensión, el miedo, la necesidad, la valentía y la prisa. De momento el espectador no sabe por qué tanta prisa. “Nuestra perra nunca deja de ladrar cuando mi padre coge la escopeta, ni si quiera lo hizo cuando papá apuntó a mamá” dirá Julien comiendo con dos trabajadoras minutos más tardes. Y de pronto una llamada: “Myriam, está aquí, te busca”.

Así comienza el cortometraje Antes de perderlo todo, dirigido por Xavier Legrand en 2013, con el que ganó el César de su categoría y fue nominado al Oscar al mejor cortometraje de ficción. Cinco años después, nos volvemos a encontrar con estos personajes en su ópera prima Custodia compartida, con la que se alzó como mejor director y mejor ópera prima en el Festival de Venecia; y con el Premio del Público en el Festival de San Sebastián. “En el cortometraje se ve a una mujer que toma las riendas y que decide romper, pero cuando regresamos a su vida en el largometraje, en el que ya está en la última etapa de su proceso de separación, su rol de madre le paraliza porque su hijo va a estar con ella para siempre y Antoine, su ex marido, le va a utilizar para conseguir su objetivo: llegar a ella” así cuenta el cineasta la continuación de esta historia de maltrato que empieza con el juicio por la custodia del hijo en común y que termina por convertirse en una cinta de terror que remueve hasta sacudir las entrañas de quien se sienta a adentrarse en el torrente de situación de esta mujer que trata de reconstruir su vida al tiempo que protege la de sus hijos.

TÍTULO: CUSTODIA COMPARTIDA DIRECTOR: XAVIER LEGRAND DURACIÓN: 93 MINUTOS GÉNERO: DRAMA DISTRIBUIDORA: GOLEM ESTRENO: 20 DE ABRIL DE 2018

¿Tuviste claro desde el principio que terminarías llevando la historia al terror?

Sí, desde el momento en que empecé a hablar con mujeres víctimas de la violencia de género. Las historias que me contaron sobre lo que les ocurría eran terribles. Tanto, que si me hubiera quedado al pie de la letra de lo que me contaron seguramente algunas personas no lo habrían visto posible o pensado que nada de esto ocurre. Quise introducir al espectador a partir de una historia cotidiana como puede ser un proceso de divorcio para, a partir de aquí, mostrarle cómo algunas situaciones pueden llevar al horror.

¿Cómo fue el proceso de documentación hablando con estas mujeres?

Fue un trabajo muy largo, empezando con conversaciones con amigas, con las que generaba una discusión sobre la violencia de género preguntando qué les parecía, si conocían las alarmantes cifras de muertes en nuestro país. Una de ellas me comentó que conocía a alguien que había pasado por esto, a partir de aquí entré también en contacto con una asociación y la red fue creciendo. Tuve que verme varias veces con ellas para que confiaran en mi pero el momento en que entendieron el proyecto, lo que quería hacer, de lo que quería hablar y cómo quería hablar de ello, se sintieron totalmente libres y se entregaron sin filtros.

¿Por qué quisiste contar esta historia?

Ha surgido de la voluntad de rebelarme contra lo que se me ha inculcado desde pequeño. He crecido en una familia muy patriarcal en la que los roles estaban muy definidos. No he vivido la violencia, pero sí que he podido introducir a partir de mi experiencia por qué ese hombre es el jefe de familia, autoritario, que abusa de su poder con intimidación.

¿Qué opinas del tratamiento de este tema que se le da en los medios de comunicación?

No es el adecuado. Basta con fijarse en las campañas que luchan contra este tipo de violencia. Se construyen siempre dirigiéndose a la mujer: “sal del silencio”, “empieza un procedimiento judicial”, “llama a este número de urgencias”. Ellas son las que sufren pero ellas son las que tienen que actuar, en una situación en la que te encuentras paralizada por el miedo, sobre todo porque la mayoría de los asesinatos se producen en el momento en que ellas deciden irse. Hay que dirigirse a los hombres, igual que se hace con los alcohólicos a los que se les prohíbe conducir cuando beben. Lanzarles mensajes como: “golpear a tu mujer no es amarla”, “tu mujer no te pertenece, no es un objeto y no tienes derecho a pegarla”, “tú tienes el problema, no ella, podemos ayudarte”.

¿Piensa que estas mujeres cuentan con algún tipo de protección real?

No. Si la tuvieran y si las mentalidades cambiaran dejándoles hablar creo que ellas mismas se protegerían también mejor. Me basé en una frase de un juez de asuntos familiares que decía: “la madre puede proteger al hijo pero la sociedad debe proteger a la madre. Y mientras la madre no sea protegida no podrá protegerse a ella misma, y menos a su hijo”. Habría que educar a la sociedad a considerar que la violencia psicológica también es violencia. Hay que creer a estas mujeres. El suyo es un sufrimiento continuo y que va a seguir. Y es, además, un sufrimiento solitario, no lo comparten con nadie.

La película se cuenta desde tres puntos de vista, ¿cómo los integró?

Efectivamente, hay tres puntos de vista principales: el de la jueza, el del niño y el de la madre. Se sigue el trayecto del hombre pero desde el punto de vista de sus enemigos, porque son las personas a las que él va manipulando para conseguir lo que quiere. Manipula a la jueza para conseguir la custodia compartida. Una vez que la obtiene manipula al niño para obtener información y saber dónde está su ex mujer.

También llama la atención el contraste entre las familias de ambos.

Sí. Para mí era también importante mostrarles en sus entornos familiares. Suele ocurrir que en estos casos regresan a la casa de los padres porque no tienen donde ir. Ambas familias son muy diferentes. En la de ella se ve que hay comunicación, más afecto, se quieren. Aunque también se ve al abuelo sublevarse en cuanto ve a su yerno, quiere ir a matarle casi, hay violencia pero mucho más escondida. Y también es patriarcal, él está viendo la televisión mientras su mujer es la que está en la cocina. En el caso de Antoine, se ve una carencia de comunicación y de afecto total. El hombre es quien toma la punta de la mesa como rey y es ella quien sirve. Quería mostrar que tanto los hombres como las mujeres estamos condicionados por la educación que recibimos.

¿Hasta qué punto la forma en la que se nos enseña lo que es el amor puede tener que ver con que se den estos casos de violencia de género?

Aprendemos de forma diferente, a las mujeres no se les enseña igual que a los hombres. No soy especialista pero creo que nos construimos de dos maneras, o bien reproduciendo el esquema que vives, o yendo en contra del mismo.

La fiesta de cumpleaños que organizan a la hija de Miriam se convierte en una escena central de la película.

Sí. Es la única en la que hay música y se deja que ocupe todo el espacio, está por encima de los diálogos. Creo que al espectador le tiene un poco más en vilo porque intenta entender lo que está sucediendo y no hay explicación. En cierto modo el público es como un invitado más.

¿Qué esperanza hay para los niños y niñas que crecen en familias en las que se produce violencia de género?

Hay esperanza si se les apoya, si entienden la situación. Sino se les explica por qué vivieron esa situación las repercusiones pueden ser muy grandes. Aun así, el hecho de vivir en un ambiente de violencia de género en el que una de las figuras parentales humilla al otro y muestra tener todo el poder, hace que sea muy difícil construirse a uno mismo y rehacerse después.

Fue premiado en el Festival de Venecia como Mejor director y Mejor ópera prima, aquí en San Sebastián se alzó con el Premio del Público. ¿Cómo está viviendo el recorrido y reconocimiento de la película? ¿Piensa que pueden ser señal de que la sociedad esté más preparada para hablar de este tema?

Depende del premio. Los jurados y premios que están compuestos por cineastas entiendo que recompensan principalmente su valor cinematográfico, no tanto de qué se habla sino la forma de hacerlo. A su vez, cuando recibes un Premio del público como San Sebastián, sí que me lleva a empezar a creer que un público pueda sentirse conmovido por este tema.