MICHAEL FASSBENDER

“UN JODIDO GENIO”

Mártir político, adicto al sexo, robot, negrero o rey de reyes de la ambición, Michael Fassbender vale para todo, lo tiene todo, todos quieren trabajar con él. Paso a paso, este fanático de la Fórmula 1 que dice que le hubiera gustado ser piloto, acumuló un valioso tesoro profesional antes de cumplir 40. Cine de entretenimiento, con superhéroe (o más preciso, supervillano) incluido, cine de autor, cine independiente… Tiene algo de las antiguas estrellas, de los artistas de otro tiempo y tiene mucho estilo. Es, en palabras de Quentin Tarantino, “un jodido genio”. Un prodigio que ahora se convierte en el torturado detective de la policía Harry Hole, en El muñeco de nieve.

UNA ESTRELLA DE LAS DE ANTES

Es guapo, está en perfecta forma, simpático, rápido, interesante, listo, culto… Le gusta bailar, recorre el mundo en moto, domina la sonrisa, se creó fama de Casanova, todavía saca partido a los chistes que aprendió en sus “años de barman” y es del Liverpool, aunque en algunos torneos internacionales va con el Atlético de Madrid. “Es como un Errol Flynn moderno”, dijo David Cronenberg. Michael Fassbender, un actor concienzudo con mucho talento, se ha convertido en estrella en muy pocos años y ahora reluce con un brillo especial, como el que irradiaron los astros del Hollywood clásico.
Alemán de familia irlandesa (o irlandés nacido en Alemania), estudió en la Central School of Speech and Drama y se coló en la serie de televisión sobre la Segunda Guerra Mundial Band of Brothers, que producían Steven Spielberg y Tom Hanks. En el cine debutó soltándose la melena
en 300 (Zack Snyder, 2007). La siguiente fue Ángel (2007), a las órdenes de François Ozon. Y a la tercera llegó la vencida, fue su encuentro clave con Steve McQueen.

FASSBENDER – MCQUEEN

Steve McQueen, un artista visual de prestigio en Londres, había experimentado mucho con el audiovisual antes de lanzarse a dirigir un largo. Se lo jugó todo en esta aventura. Hunger (2008) contaba la historia de Bobby Sands, el miembro del IRA que lideró la histórica y trágica huelga de hambre en la Maze Prison. Para la película, el director necesitaba un actor que lo diera todo, incluidos unos cuantos kilos. Le ofreció el papel a Fassbender. “Fue mi primer papel protagonista. Lo normal es que nadie te contrate para un rol así hasta que no te han visto encabezando un filme”. Con aquel trabajo, estaba todo dicho. McQueen se llevó la Cámara de Oro en Cannes y muchos otros premios y Fassbender deslumbró. La siguiente película que hicieron juntos, Shame (2011), consagró al actor, que se alzó con la prestigiosa Copa Volpi en el Festival de Venecia, y también al director. Amarga crónica de la adicción, Fassbender interpretaba a un ejecutivo neoyorquino adicto al sexo, un solitario incapaz de escapar del lado oscuro, de las tinieblas emocionales que le envolvían. “Creo que la más difícil fue Shame –reconoció en una entrevista entonces-. No podía despegarme del personaje: era alguien que no se gusta a sí mismo, que no para de castigarse, y eso acabó trasladándose a mi interior. Además, tuvimos que rodarla en 25 días, casi sin descanso. Fue muy intenso”.
Intenso, duro, arriesgado, pero con recompensa. Aquella película les colocó unos cuantos peldaños más arriba, lo que les permitió rodar la siguiente mucho más cómodamente. 12 años de esclavitud (2013), una historia con la que McQueen estaba obsesionado, le dio a Fassbender su primera candidatura a un Oscar (Actor Secundario). El cineasta sentenció: “No ha habido desde Marlon Brando un actor como Michael”.

DE TARANTINO A TERRENCE MALICK

Desde casi la primera película que hizo, algunos maestros del cine pusieron sus ojos en él. Con Quentin Tarantino hizo Malditos bastardos (2009), donde pudo poner en práctica su alemán. Era un oficial británico, el teniente Artchie Hicox, y tenía una escena gloriosa en la taberna La Louisiane. Dos años después, rodó con David Cronenberg Un método peligroso (2011), donde daba vida a Carl Jung, el psiquiatra suizo a quien tanto debe el psicoanálisis en sus comienzos. También trabajó con Ridley Scott en 2012 y en 2013. Primero hizo Prometheus, precuela de Alien, el octavo pasajero (Ridley Scott, 1979), donde consiguió crear un androide extremadamente frío, inspirado en Blade Runner (1982) y en el saltador olímpico Greg Loganis. Y vuelve a ser David, el androide, en Alien: Convenant (2017). Ya había protagonizado The Counselor, junto a Penélope Cruz, Brad Pitt, Cameron Díaz y Javier Bardem. Ha rodado con Terrence Malick Song to song (2017), junto a Natalie Portman y Ryan Gosling, el papel principal.

MAGNETO, MACBETH O CALLUM LYNCH

Actor y ahora también productor que apuesta por un cine de calidad e independiente, Michael Fassbender no se ha cerrado las puertas del cine de entretenimiento. Al contrario, ha dado calidad con su trabajo a algunas superproducciones de los últimos tiempos. Las ya mencionadas 300, Prometheus, Malditos bastardos… son algunas de ellas. Hay que añadir su presencia en la saga X-Men, en el papel del supervillano Magneto.

X-Men: primera generación (Matthew Vaughn, 2011) y X-Men: días del futuro pasado (2014) son los dos títulos de esta serie que protagonizó y que se convirtieron en grandes éxitos de taquilla.  X-Men: apocalipsis (2016), de nuevo dirigida por Bryan Singer, y se embarcó también en el 2016 como actor y productor en la aventura de llevar al cine Assassin’s Creed, uno de los videojuegos más exitosos de los últimos años. Aquí encarnó a Callum Lynch, un tipo que es capaz de experimentar las aventuras de su antepasado Aguilar, en la España del siglo XV. La película, que se rodó en Almería, está dirigida por Justin Kurzel, con quien Fassbender ya había construido uno de los Macbeth más turbadores, oscuros y potentes del cine. Marion Cotillard, compañera suya en la adaptación de Shakespeare, está presente también en Assassin’s Creed.

‘STEVE JOBS’


“¿Mi ego? Inmenso, como el de Steve Jobs” ha dicho Michael Fassbender en Italia, en una entrevista concedida a Io Donna, donde explica algunas cosas de un personaje que le ha dado mucho trabajo. El ritmo que imprime a sus diálogos Aaron Sorkin ha sido su mayor pesadilla a la hora de interpretar a Steve Jobs, el empresario visionario del sector informático, cofundador de Appel. Inspirada en la biografía que escribió Walter Isaacson, la película colocó a Fassbender de nuevo en primera línea de salida y le lanzó otra vez a la carrera de los grandes premios.
Acompañado por Kate Winslet, Seth Rogen y Jeff Daniels, y dirigido por Danny Boyle, el actor se metía aquí en el papel de un tipo divertido, encantador, pero también obsesionado por el control y la perfección, con problemas emocionales graves y un ego desmesurado. “Creo que había elementos maquiavélicos en Steve Jobs –reconoce Fassbender-. Puede que algunas vertientes de su personalidad fueran simplemente crueles. ¿Realmente era necesario tratar a la gente así? Puede que no. Pero la personalidad y los logros van unidos. En ciertas ocasiones hay que provocar y manipular. Como actor, sé que los realizadores emplean esas tácticas algunas veces. Si llevo muchas horas trabajando, pierdo la paciencia mucho más deprisa, y Steve trabajaba muchas horas sin descanso”.

GUERRERO, ANDROIDE Y POLICÍA TORTURADO

La carrera de Michael Fassbender continúa imparable. Con Assassin’s Creed debutó como productor. La experiencia no fue tan rutilante como esperaba y no salió de ella con la mejor sonrisa. Se curó las heridas con los papeles de androide de la siguiente película de Alien (ALien Covenant). Ahora, dejando un poco más lejos aquella experiencia, se convierte en uno de los personajes literarios con más seguidores entre los fans del buen policiaco, el detective Harry Hole, un hombre torturado, abrumado por algunas obsesiones e incapaz de vivir feliz en un mundo plagado de injusticias. Lo hace en la adaptación al cine de El muñeco de nieve, de Jo Nesbø, dirigida por Tomas Alfredson (Déjame entrar, El topo).