STEVEN SPIELBERG

Imprescindible de la historia del séptimo arte, Steven Spielberg es el mejor amigo y el peor enemigo del cine. Autor de algunas magníficas películas es también el ideólogo del Hollywood flácido y timorato “para todos los públicos”. Director y productor, es un superdotado, una de las personas que mejor rueda del mundo y también una de las que más rentabilidad saca a sus proyectos. Creador de escenas inolvidables, de personajes legendarios y de historias con las que ha marcado épocas, Spielberg vuelve. Lo hace con una grandísima película, Los archivos del Pentágono, periodismo en estado puro, con Meryl Streep y Tom Hanks sobresalientes y un mensaje directo a la administración Trump: otros ya cayeron antes, los derribó la prensa libre.


AMOR, FORTUNA Y DINERO
Steven Spielberg (Cincinnati, Ohio, 18 de diciembre de 1946). Enamorado del cine desde la infancia, los éxitos y reconocimientos le han acompañado siempre. Su primer premio fue, de hecho, la insignia de mérito de los Scouts que ganó por el western El duelo final, un corto de 9 minutos. Unos años después, cuando tenía 14, se hizo con otro premio gracias a Escape to Nowhere, una película de guerra de 40 minutos. Con 18 rodó su primer largometraje, Firelight, y con 22 estrenó en salas el cortometraje Amblin, título con el que dijo adiós al cine amateur y comenzó su carrera profesional. Lo siguiente, aunque no siempre le han venido las cosas rodadas, han sido casi todo triunfos, galardones y algunos de los taquillazos más grandes de la historia del cine. Ganador de dos Oscar al Mejor Director –La lista de Schlinder (1993) y Salvar al soldado Ryan (1998)-, de un Oscar Honorífico -Premio en Memoria de Irving Thalberg- y de otro a la Mejor Película (La lista de Schlinder), además de otros muchos reconocimientos, pegó el pelotazo con uno de sus primeros trabajos en el cine, Tiburón (1975), aunque el verdadero terremoto llegó con E.T. El extraterrestre (1982). Aquella fue la película más taquillera –superó a Star Wars (George Lucas, 1977)- durante una década hasta que él mismo batió de nuevo el récord con Parque jurásico (1993). Hoy es uno de los más ricos del cine. La revista Forbes calcula que su fortuna supera los 7.000 millones de dólares.


‘TIBURÓN’, LA PELÍCULA “QUE DEVORÓ EL CORAZÓN Y EL ALMA DE HOLLYWOOD”

Unos cuantos episodios en series televisivas le dieron la oportunidad de rodar su primera tv movie, El diablo sobre ruedas (1971).

Hoy es una de las películas más elogiadas de la filmografía de este cineasta y entonces fue el trabajo que animó a Richard D. Zanuck y David Brown, productores de Universal Pictures, a contratar al joven realizador para llevar al cine Jaws, la novela de Peter Benchley, eso sí, después de un par de tentativas con John Sturges y Dick Richards. Los problemas que hubo en el rodaje, sobre todo con el mecanismo que activaba al enorme tiburón blanco creado para el filme, obligaron a Spielberg a sugerir la presencia del escualo asesino más que a enseñarlo, y con ello –y las notas que John Williams compuso para esas escenas- consiguió algunos de los grandes momentos de esta aventura. Se convirtió en la película más taquillera de la historia del cine hasta Star Wars un par de años después. Ese éxito fue, en opinión de muchos de sus compañeros de entonces, demoledor para el cine de autor. “Tiburón fue devastadora para las películas artísticas, de menor presupuesto. Se olvidaron de cómo se hacían. Ya no interesaban”, dijo Peter Bogdanovich, a quien dio la razón Paul Schrader cuando sentenció: “Fue la película que devoró el corazón y el alma de Hollywood. Creó la mentalidad del cómic de gran presupuesto”. Sin duda, Tiburón fue la primera piedra de un edificio de éxitos de taquilla, que muy poco después George Lucas fortaleció.


ALTA TRAICIÓN
“Aunque lloro cada vez que veo E.T., detesto a Spielberg y creo que le ha hecho un daño brutal al cine. Pero no me atrevería a decirle que no fuera cineasta”. David Trueba se la jugó con estas declaraciones hace unos años, poniendo en entredicho a uno de los ‘intocables’ de Hollywood. Se refería, por supuesto, al talento del americano como el ‘gran manipulador de sentimientos’. Miembro de los míticos ‘Movie Brats’ (los primeros que habían estudiado cine en la Universidad: él, Scorsese, George Lucas, John Millius, Paul Schrader, Brian de Palma, Terrence Malick), de la segunda generación del llamado Nuevo Hollywood (con Coppola, Friedkin, Bogdanovich, Warren Beatty, Stanley Kubrick, Woody Allen, Arthur Penn, John Cassavetes, Alan Pakula, Robert Altman, Richard Lester…), personaje de alta cultura cinéfila, a Spielberg se le ha sentenciado por alta traición al ‘cine de autor’. Muchos no le han perdonado que eliminara algunas escenas un poco ‘gamberras’ de Tiburón, ni que cambiara los fusiles de los agentes federales por walkie talkies en E.T. –aunque luego ha renegado públicamente de estas modificaciones-, pero sobre todo no le disculpan la imperturbable corrección política de algunas películas, el hinchado patriotismo y la mojigatería. Es lo que Carlos J. Plaza llamaba (Rayos X, Clapp número 7), “un cine de derechas que no se meta demasiado en el cuarto de atrás. Es el reino de Spielberg, Lucas y Ronald Reagan”. Es verdad que el cineasta intenta desde hace unos años enmendar estos ‘errores’. En esa penitencia, sorprendió mucho con su película Munich (2005),

con la que huyó de su costumbre de complacer a todo el mundo, y más recientemente con Lincoln (2012), donde no se arrodilló antes las posibles futuras audiencias y pisó deliberadamente el territorio menos fácil.


LA CIENCIA-FICCIÓN Y EL ESPACIO EXTERIOR
En 1954, cuando Steven Spielberg tenía ocho años, su padre le despertó para que no se perdiera una lluvia de meteoritos que se podía ver desde la Tierra. Fue un momento decisivo que inició su fascinación por los misterios del espacio. Ello creció con su declarada afición por la ciencia-ficción y se materializó en películas como Encuentros en la Tercera Fase (1977), E.T. El Extraterrestre (1982), A.I. Inteligencia artificial (2001), Minority Report (2002) o La Guerra de los Mundos (2005). Unas mejor acogidas que otras, todas desvelan una curiosidad del cineasta por mundos desconocidos que son, sin duda, uno de los territorios más agradecidos del cine.

¡A LA AVENTURA!


George Lucas y él son los padres de Indiana Jones, uno de los personajes de aventuras más celebrados del cine moderno. Con las distintas entregas, Steven Spielberg ha demostrado su lealtad a su amigo Lucas. Ha llegado, incluso, a confesar públicamente que ha rodado alguna de las películas atendiendo a los deseos de su ‘colega’. Con los primeros filmes de la saga deslumbró a millones de personas, pero con la última película decepcionó a muchas otras. Los autores de South Park quisieron dejarlo claro en el episodio en que Lucas y Spielberg violaban a Indiana Jones. Las aventuras de este arqueólogo, maravillosamente interpretado por Harrison Ford, han conseguido tantos o más fans que los reunidos por las películas de Parque Jurásico, la otra gran apuesta por el cine de aventuras de su carrera. La alianza millonaria de Michael Crichton con Spielberg funcionó mejor en las dos primeras películas, las dirigidas por él.


GUERRA Y POLÍTICA
La guerra, o mejor dicho, las guerras, incluida por supuesto la Guerra Fría, y sus terribles consecuencias son uno de los temas recurrentes en la filmografía de Steven Spielberg como director. La mencionada Escape to Nowhere fue la primera de una interesante lista de títulos que le ha dado grandes satisfacciones y, en algunos casos, también mucho dinero. Con La lista de Schlinder (1993) a la cabeza, ahí están Salvar al soldado Ryan (1998) –los veinte minutos del comienzo están entre los mejor rodados del cine bélico de todos los tiempos-, El imperio del sol (1987), que en parte se rodó en España, y la bienintencionada War Horse (2011). Frente a estas, Steven Spielberg sorprendió con el tono político para algunas películas sobre las consecuencias de la guerra o los conflictos de estas fuera del campo de batalla convencional. Munich, sobre el secuestro de los atletas israelíes por parte del grupo palestino Septiembre Negro, no gustó nada a los poderosos judíos de Israel, tampoco a muchos de la industria del cine ni, por supuesto, a los palestinos. Sin embargo, buena parte del público le agradeció la película.

En la magistral Lincoln, ambientada en la Guerra Civil Americana, Spielberg explicó mejor que nadie cómo se mueven los intereses políticos y quién sale ganando y quién, perdiendo, con ellos.


EL SPIELBERG PRODUCTOR

Productor de decenas de películas, series de televisión y tv movies, Steven Spielberg debutó en esta faceta muy pronto. En 1981 fundó Amblin Entertaiment, bautizada con el título del cortometraje que le abrió las puertas del cine, y en 1994 se alió con Jeffrey Katzenberg y David Geffen y creó DreamWorks. Con ellas ha dado luz a películas como E.T. El Extraterrestre (1981), Poltergeist (1982), Gremlins (1984), Los Goonies (1985), Regreso al futuro (1985), Esta casa es una ruina (1986), Los sueños de Akira Kurosawa (1990), Hombres de negro (1997), La leyenda del Zorro (2005), Banderas de nuestros padres (2006), Cartas desde Iwo Jima (2006), Transformers (2007), Valor de Ley (2010), Super 8 (2011)…


‘EL PUENTE DE LOS ESPÍAS’

Steven Spielberg viajó a Berlín, a la guerra fría y recuperó su fascinación por la Historia con mayúsculas con esta película, un trabajo basado en un hecho real, el que protagonizó el abogado James Donovan, un tipo que se vio envuelto en una peligrosa operación de intercambio de espías entre EE.UU. y los soviéticos, que finalizó con éxito y le convirtió en un negociador político de altísimo nivel. La película mostraba, aunque de un modo intermitente, algunas de las cualidades más brillantes del Spielberg director. Un arranque magnífico daba paso a una muy buena historia, donde Spielberg dejaba caer algunas puyas muy ácidas sobre sus ‘queridísimos’ EE.UU. Había ración también, por supuesto, para el bloque comunista de esos años. Pero, para evitar que un solo espectador huyera de su película, el relato no arriesgaba nada y escapaba a la oscuridad que pedía casi desde el principio y se realimentaba con la dudosa vitamina de los chistes simples, con escenas convenientemente matizadas con cierta música… con las odiosas medias tintas. El puente de los espías, donde Spielberg volvía a reunirse con Tom Hanks, comenzaba con la persecución en las calles y el metro de Nueva York de agentes del FBI a Rudolf Abel, un supuesto espía soviético. A partir de ahí, se iniciaba un retrato consciente de la hipocresía del país que más alto habla siempre de sus libertades civiles, para ir desinflándose poco a poco. El gobierno convenció a Donovan para que defendiera a Abel demostrando al mundo que en EE.UU. todos tenían derecho a una defensa justa. Por supuesto, ni era ni es así. La historia culminó con la mencionada operación de intercambio de prisioneros. Richard Roeper del Chicago Sun-Times dijo que la película de Spielberg era “algo así como una adaptación de John Le Carré dirigida por Frank Capra”. Una definición bastante acertada para una producción con momentos brillantísimos en la que Spielberg no terminaba de atreverse. Con guion de Matt Charman y los hermanos Coen, la película contaba en el reparto con Mark Rylance, Amy Ryan, Alan Alda, Scott Shepherd y Sebastian Koch.