‘THE AFFAIR’

NOAH SOLLOWAY

Noah Solloway, un escritor de orígenes humildes que no consiguió que su primera novela provocara eco alguno, acude con su esposa y sus cuatro hijos a pasar unas vacaciones de verano en el mayor infierno jamás diseñado a su medida: la suntuosa casa de sus engreídos y forrados suegros, con ella aun lamentando que su hijita se desposara con un pelagatos y él -aquí viene lo peor-, un escritor de éxito tan colosal como despreciativas y paternalistas son sus maneras.

(Nota: en esta relación humillante se encierra una excelente broma televisiva al reunir de nuevo a los actores Dominic West y John Doman que en The Wire avanzaban un patrón de abuso de poder en los roles de un detective de homicidios y su despreciable superior en el cuerpo de policía, respectivamente).

La intención de Noah es aislarse lo máximo posible de la toxicidad reinante para arrancar con esa segunda novela que se resiste con uñas y dientes a asomar la cabeza. En una escena previa hemos visto cómo el musculoso y atractivo escritor despierta la lujuria femenina en la piscina a la que acude cada mañana antes de que se pongan las calles, pero también que es un padre abnegado. Lo segundo parece tener más fuerza que lo primero hasta que se cruza en su camino una camarera, Alison Bailey, dispuesta a que su estancia en Montauk no sea exclusivamente un vía crucis con familia política y bloqueo creativo, sino que también haya espacio para algo de picante. El adulterio está servido.

Cuando poco después se introduce un elemento criminal en la trama que de golpe divide la acción en dos tiempos -bajo el mecanismo de un interrogatorio policial que nos informa de que se produjo un crimen y de paso nos hace tomar conciencia de que lo que hasta ese momento habíamos tomado como presente era en realidad pasado.

Como si el tema no hubiese sido manoseado por un sinfín de lamentables telefilmes de sobremesa, la literatura de género negro parece haber encontrado de repente en los sótanos no ventilados de la unidad familiar un filón que ha cristalizado en un puñado de best-sellers internacionales.

Los nombres de Gillian Flynn (Perdida), A.S.A Harrison (La mujer de un solo hombre), Paula Hawkins (La chica del tren) o Renée Knight (Observada) son sólo algunos ejemplos de la fortuna que en los últimos años ha tenido el subgénero bautizado como ‘domestic noir’, aquel volcado en mostrar cómo el caos, muchas veces encarnado en secretos espinosos que salen violentamente a la superficie, penetra el día menos pensado en parejas o familias que siempre salían sonrientes en las fotos.


“Mi marido no es este monstruo al que le juré amor eterno” o “mi esposa nunca me dijo que tuviera las manos manchadas de sangre” son algunas de las divisas que laten en el corazón de estas historias de corazones rotos en mil pedazos por la aparición del reverso tenebroso del pariente dado por hecho. En el fondo es el thriller-psicológico-ambientado-en-un-hogar-que-se-desmorona de siempre al que se aplica aquello de “perros viejos, nuevos collares”.

Hagai Levi y Sarah Treem, los creadores de The Affair -que de problemas de alcoba y secretos enquistados saben lo suyo, pues antes habían levantado juntos En terapia– se sacuden el riesgo de ver tildada su serie de versión sofisticada de la tosca intriga emitida en la sobremesa, y de paso atraen de inmediato nuestro interés, manejando con pericia el recurso técnico del punto de vista.

The Affair contrapone los testimonios de Noah y Alison frente al detective que investiga la muerte de un individuo durante el verano en el que dieron rienda suelta a su pasión. En este sentido puede decirse que, bajo sus ropajes de romanticismo prohibido, sexo salvaje y pulsiones criminales, la serie es, en su sentido más profundo, una reflexión sobre el acto de narrar. Los relatos de uno y otro por lo general no suelen coincidir, en ocasiones difieren en detalles cruciales. ¿Cuánto es fruto del cálculo y del interés? ¿Cuánto de una memoria falible? ¿Cuánto del autoengaño? Aunque obviamente los personajes no hubieran entrado en pormenores como la ropa que llevaban cada día en cuestión, el cambio de vestuario de una versión a otra sirve de logrado recordatorio de que no hay dos visiones idénticas de una misma experiencia.  

La circunstancia de que Noah sea un escritor que utilizara los acontecimientos de aquellas semanas como alimento para su segunda novela abre la sugerente posibilidad de que exista un tercer relato y que, por consiguiente, la supuesta ficción contenga más pistas verdaderas que sus declaraciones juradas (o rizando el rizo: ¿el punto de vista de Noah es directamente la transcripción de la novela y no lo que tomamos como su testimonio frente al agente de la ley?). El éxito comercial del libro supondría así una inversión de la idea que reza que una buena novela es una gran mentira compuesta de pequeñas verdades: aquí triunfaría una gran verdad camuflada de anecdóticas mentiras.  En el aire flota una pregunta todavía más inquietante: ¿el presente al que va volviendo la acción en sus constantes saltos en el tiempo pertenece, como todo apunta, a un narrador omnisciente, o es asimismo una elaboración subjetiva de alguna de las partes?

En cualquier caso, el espectador se mueve constantemente entre la posibilidad de estar sometido a las veleidades de un narrador no fiable, ya sea por la voluntad del mismo o por nuestros puntos ciegos a la hora de interpretar y procesar lo ocurrido. Si The Affair se eleva por encima de otros thrillers con las relaciones ilícitas como núcleo es por la capacidad de sus guionistas para jugar con las múltiples combinaciones de ficción y “verdad” dentro de una FICCIÓN titulada The Affair.

Para el que quiera buscarle los tres pies al gato, la serie permite un  análisis desde la retórica de la lucha de clases. La relación adúltera de Alison y Noah puede entenderse como el encuentro entre dos seres desclasados -él (des)encajado en una familia política pudiente que le presta dinero y ella, en una que posee un rancho que vale una fortuna-. La aparente oposición entre una criatura intelectual y urbanita frente a una pueblerina de cuello azul se supera lógicamente con la afición compartida por la lectura.

Globo de Oro a la Mejor Serie Dramática y Globo de Oro también para la actriz Ruth Wilson que interpreta a Alison -la psicópata de Luther, serie protagonizada por Idris Elba, quien se ponía en la piel de Stringer Bell, pieza de caza mayor para West/McNulty en, una vez más, The WireThe Affair tendrá una segunda temporada que arrancará en Estados Unidos el próximo 4 de octubre y que promete ampliar el número de puntos de vista. No había necesidad porque todos los hilos podrían haberse cerrado y la decisión supone cotejar los elementos criminales que en la primera eran, en el fondo, subsidiarios a las tempestades afectivas. Con no caer en los ya palpables clichés del ‘domestic noir’ ya tendrá buena parte del camino allanado.