‘WILSON’ / LA INCOMODIDAD DE LA SOLEDAD

Inmersos en la gran era de la comunicación, las redes sociales y las tecnologías que nos permiten estar conectados las 24 horas del día a lo que se publica en cualquier punto del planeta, podría pensarse que la soledad es un mal con fecha de caducidad.

Sin embargo, ¿qué se lleva de nosotros el estar todo el día obsesionados con tomar la foto con la que recordar un instante en vez de simplemente disfrutarlo? ¿Qué pasa con los que deciden alejarse de esta ceguera por los ‘me gusta’, las visitas y los seguidores? ¿Implica vivir al margen de Facebook, Instagram y Twitter la imposibilidad de ser recordado?

Esta duda se plantea el Wilson de un memorable Woody Harrelson en la película que toma el nombre de su personaje como título.


INOCENCIA ARREBATADA

Wilson comienza presentando al protagonista despertándose en una casa desordenada. Habla sobre cómo las expectativas inocentes sobre la vida y los sueños se ven frustradas a medida que uno crece, convirtiéndose en una gran mentira.

Woody Harrelson aprovecha su vis cómica y dramática para transformarse en un cuarentón inadaptado y excesivamente sincero, a la vez que tierno y socarrón. Wilson vive al margen de una sociedad que se empeña en ponerse unos auriculares para aislarse en vez de brindarle una conversación interesante.

Es también un cascarrabias que vive frustrado buscando el sentido de su vida. La marcha de la ciudad de su hermano junto con la muerte de su padre por un cáncer terminal le obliga a buscar una motivación que le llene. Es entonces cuando decide averiguar dónde está su ex mujer, Pippy (interpretada por una arisca y frágil Laura Dern) y, gracias a este encuentro, descubre una hija cuya existencia desconocía. Es precisamente este descubrimiento el que brinda la, probablemente, sonrisa más sincera y emotiva de todo el filme.

LA IMPERFECTA HUMANIDAD

La tercera película del director Craig Johnson tras True Adolescents (2009) y The Skeleton Twins (2014), habla sobre la importancia de aceptar a las personas tal y como son. El cineasta muestra las características que hacen de Wilson un hombre extraño e inhabitual, a la vez que le presenta con una humanidad imperfecta que enternece. Es también un antihéroe que intenta solucionar los problemas sin pensar en la mejor vía para ello, capaz de demostrar su amor por su hija actuando de forma violenta ante los compañeros de clase que la insultan por su aspecto físico. Un anti ejemplo de la corrección con la que un padre debe actuar, pero que lejos de provocar el rechazo inmediato, conmueve y genera simpatía.

Esta torpeza a la hora comportarse es la que le lleva a ganarse la empatía del espectador, al convertirle en el personaje más humano y auténtico de toda la película. No tiene reparo en opinar sobre el aspecto del pene del desconocido que ocupa el retrete de al lado en un baño público, ni tampoco al hacerle burla a una mujer que se acerca a saludar a su perra. No importa, ambos hechos conviven con su aceptada excentricidad.

PROBLEMAS DE INCOMUNICACIÓN

El filme está basado en la novela gráfica de Daniel Glowes, quien también firma el guion de la cinta. El historietista creó al personaje al tiempo que acompañaba a su padre en sus últimos momentos en el hospital. Wilson también acompaña al suyo y, antes de morir, le reprocha no haberle dicho nunca que le quería. Esta reprimenda hace que el protagonista rompa a llorar, nuevamente sin ser escuchado, ya que su padre yace inconsciente e intubado en la camilla.

Es cierto que Wilson tropieza continuamente, pero lejos de lo posiblemente esperado, logra a menudo éxitos ilógicos; como ganarse el cariño de su marginada hija. Realmente sólo busca la manera de ser feliz para romper con su plana rutina, y aunque parezca que no piensa en las consecuencias de sus palabras y sus actos, es quien más las sufre.

Aun así, logra reponerse y salir adelante en busca de una nueva motivación que le guíe, aunque implique que tenga que limitarse a conocerla por conversaciones vía Skype; pantalla a pantalla.